Aguafuertes paceñas: Gran Poder- Hibrido

Escrito por estido estido - 29/06/2010 - Nadie opinó aún

Esta zona debe su nombre al Señor del Gran Poder, y su renombre, a la fastuosa entrada folclórica que se realiza cada año para venerarlo.

El templo de la calle Gallardo cobija la imagen del Señor del Gran Poder, lienzo de autor desconocido que representa el misterio de la Trinidad a través de un Cristo con tres rostros, rasgo curioso que, en cierto modo, se ha extendido al barrio, ya que este también presenta tres caras: la religiosa, la folclórica y la comercial.

Las dos primeras se manifiestan con especial intensidad a medio año, cuando la devoción al Jesús trifaz se materializa en danza y música durante la entrada folclórica que en su honor se realiza desde hace más de medio siglo. La cara comercial es cotidiana, pues en esta zona se negocia de todo: artefactos de última tecnología, abarrotes, vestidos de novia, tortas… en fin, una amplia y variada oferta que mueve mucho dinero, buena parte del cual es destinado a incrementar la fastuosidad de la entrada, no tanto por hacer alarde de opulencia como por agradecer en justa medida los favores del Señor del Gran Poder.

Así, mientras más prospera la zona, la festividad religioso-folclórica crece en magnitud y lujo; para sus habitantes, la relación es inversa: a mayor demostración de fe, mayor prosperidad. En todo caso, el Gran Poder es una síntesis de la religiosidad, cultura y pujanza que caracterizan al pueblo paceño.

(Publicado en el suplemento “Ideas” del periódico Página Siete, 20/06/2010)

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Gran Poder- fotografía

Escrito por junior junior - 29/06/2010 - Nadie opinó aún

Gran Poder

17 Fotos

 

Tinku- cuento

Escrito por anig anig - 25/06/2010 - 4 opiniones

Quisiera poder cortarme la lengua, no hablar nunca más, no decir nada a nadie. Tal vez así, enterrándola pueda escupir la tierra en la que se va a quedar. Tal vez me entierre a mí misma y me escupa para siempre. ¿Cómo puedo evitar la locura que me camina por dentro, los huecos que se hacen cada vez más grandes y en los que me hundo insultando y maldiciendo? La incapacidad para la soledad me ha envuelto como lengua mortal que asfixia.

Odia que fume. Odia mi aliento a tabaco. Odia mi pelo impregnado. Se iba y pasó que de sólo mirarle la espalda se me hizo hueco el corazón. Caminé muy despacio por detrás y cuando tuve su cintura a mi alcance me prendí a ella, empujé su cuerpo contra la pared, me restregué, gemí y nada, ninguna respuesta. Yo a punto de arrancarle el cabello. Le mordía el cuello desesperadamente, acariciaba sobre su ropa, la abría, la jalaba, metía mis manos por todas partes… Me corría y nada, no le pasaba nada. Puse más presión, empujé con violencia y entonces por fin su respuesta, una especie de gemido-gruñido. Nuestros cuerpos respondían a la costumbre. Me puse al frente, le arranqué la camisa, busqué su boca y metí mi lengua. Todavía se resistía, pero sus manos eran independientes y hurgaban deseosas, se mojaban delirantes. Luego por fin en nuestra casa, ambos penetrados, por fin. Mientras sentía el engullimiento, mis ojos se chocaron asombrados con la risa burlona de una boca violeta en su hombro izquierdo hacia la espalda, cerca al cuello. Una marca grosera, ordinaria. Me detuve por centésimas de segundo, dudé, luego lamí. Obviamente no era una marca mía. Me dolió, pero aumentó mi ansiedad, apreté con mayor intensidad. Se corría y yo seguía mordiendo y apretando. Mis manos se volvieron garras. Apreté hasta terminar. La certeza.

Tú nada, sólo el camino cerrado a cal y canto. Tu crueldad fue nada más que una señal y yo tardé en darme cuenta. Aunque ahora que lo sé, te sigo esperando, pero sólo para rechazarte y lanzarte mil palabras de hierro y vengar mi humillación, porque no voy a dejar que vuelvas a tocar mi alma. Sólo quiero tratarte como tú lo hiciste para que sepas, para que te duela, para equilibrar la balanza, para creer que la sensación de poder también la tengo yo. Siento en la punta de mis dedos la memoria de tu espalda y lo único que quiero ahora es clavarte mis uñas para que sangres y luego dejarte.

Por eso me dio tanta vergüenza mi sangre, porque sabía que mi menstruación era como el cerebro de los conservadores entre los dientes de los indígenas. Sabía que era tu victoria, la supremacía de tu frío de montaña. Y aún así te dejé hacer, dejé que me penetraras engulléndote y tragando mi llanto contra la pared. Me odié. Quise lamer tu miembro, limpiarlo con mi propia boca para devolverme, para tragarme y engullirme, para encontrarme y sacarme de dentro tuyo. Entonces abriste la ducha.

El amanecer estaba frío como de costumbre. Me metí a la ducha y me gasté toda el agua del calefón. Así que ahora es la guerra. Bien, me viene bien. Sonreí feliz. No sé que hago todavía aquí, en esta cama, en este cuarto, en esta casa. Su espalda desnuda mostraba las dos marcas, los dos chupones en el hombro izquierdo hacia la espalda, cerca al cuello, uno al lado del otro. Ahora sí sé lo que hago aquí.

Hoy día tiene otra vez ensayo. Detesto a esa gente. Blancos, morenos, chinos, mezcladitos. Simplemente los detesto. No tardó en levantarse de la cama y meterse a la ducha. Yo estaba en la cocina y abrí la pila de agua caliente del lavaplatos. ¡¡Oye!! ¡Me has dejado sin agua, carajo! La guerra. Ese bailecito lo vas a sentir en carne propia. Podrías por lo menos haberte duchado menos largo. Tengo que ir al ensayo y ya estoy atrasado. ¿Dónde está mi pantalón café? Seguro que no le has dicho a la chola que me lo lave. Yo no sé qué te está pasando últimamente…, ¡toda esta casa está patas arriba! No le digo nada, sólo lo miro y agacho mi cabeza. Me mira extrañado. Levanto los ojos y le sonrío. Nunca más vas a leer mis ojos. Chau amor, qué tengas un lindo día y no vuelvas tarde. Me besa, me abraza por la cintura, le lamo la oreja, me mira asombrado. Esta noche voy a llegar temprano, me vas a esperar, ¿bueno?

Me acosté a la hora de siempre, sabía que no llegaría temprano. Me puse a ver tele, cualquier cosa en el cable. No quería estar pendiente de la hora. No sé a qué hora llegó, creo que amanecía. Esperé a que me diera el beso acostumbrado en la frente y luego yo le puse los brazos alrededor del cuello y lo empecé a besar. Trató de resistirse y con una sonrisa cariñosa me apartó. Luego se acostó y yo puse mi mano en su sexo. Qué deliciosa sensación. Lo empecé a masturbar lentamente. Tal vez fue la sorpresa o qué sé yo, pero me volcó violentamente de espaldas para penetrarme. Yo no lo dejaba. Jugaba y eso lo excitaba más. Busqué el interruptor de la lámpara mientras forcejeábamos y él me empujaba hacia arriba buscándome. Prendí la luz. Tenía que ver. Sabía que la lucha no iba a ser fácil. Y ahí estaba: la boca, el chupón, la marca. Estaba justo debajo de las otras dos, hacia la espalda. Era grande y roja, más grande que la anterior. Realmente sabía hacer su trabajo. Las tres formaban un triángulo. Pasé mi lengua por las marcas, le lamí el cuello, la oreja. Cuando ya estaba a punto de vencerme me hice a un lado y escapé hacia su cuello. Volví a mi batalla y mordí hasta hacerlo gritar. Nos dormimos. Hola amor. ¿Dormiste bien? Ya es tarde y tenemos que ir a la parrillada. Te traje un juguito. Gracias, tengo mucha sed.

Ahí estaban. Ahora eran cuatro. Pasé mi mano por encima y sentí la textura. Me estremecí de placer. La última era la más grande sin duda. Me habrás dejado agua esta vez… Antes de la parrillada podríamos darnos una vueltita por Chicani. Hace tiempo que no vamos por ahí. ¿Qué te parece? Así recordamos viejos tiempos…No sé. Creo que me gustaría más ir a ver los ensayos a San Miguel. ¿No dijiste que odiabas todos esos bailes? Creo que ya no. De tanto oírte hablar… Bueno, si quieres… Vas a ver que te va a gustar el Tinku. Ojala que sí.

El sol quemaba más que otros días. Los dos grupos, el de mujeres y el de hombres, se alineaban uno frente al otro. Realmente se veían cómicos todos de blue jean y polera. Lo único lindo de estos bailes es la ropa. Así todos parecen una parodia del baile y de lo que significa: una guerra.

El enfrentamiento danzante se hacía con sonrisas y cachondeos entre ambos grupos. Sólo los pies significaban. Las espaldas dobladas en son de impulso lanzaban los brazos como aspas, aspas que no tocaban más que el aire. Figuras de pelea, eso es lo que eran. Figuras nada más. El dolor de una batalla se volvía música, se volvía alegría y no lamento, no herida.

No se daba cuenta de las marcas en su cuerpo. Me sorprendí la noche siguiente con cuatro marcas que cruzaban las anteriores. Un rasguño grande y profundo. ¿Cómo iba responder? Me dejó sin aliento. Mientras lo veía desvestirse pensaba en mi próxima movida. Me estaba desgastando más de la cuenta. Tenía hambre de sangre en mi boca. Quería más. Quería comerme sus sesos, vaciarle las entrañas. El deseo de los dos me mojaba entera. Sentía que chorreaba.

Otra vez la noche, la cama, el cuarto, yo echada de espaldas mirándolo mientras se lavaba los dientes, desnudo como siempre. Empecé a acariciarme. Nunca lo había hecho antes. Mis manos empezaron a enloquecer, mis dedos se sumergían independientes, solos. Yo chorreaba, empezaba a gemir. Él ni cuenta. Sólo se sacudía con las embestidas del cepillo de dientes. Cerré mis ojos. ¡¿Qué haces?! Te esperaba. Mírame. Nunca lo habías hecho antes… ¿Te gusta? No sé… No podía creer lo que estaba viendo. Yo pensaba en la siguiente herida, en la siguiente marca. Me corría. No me detuve a pesar de su palidez y angustia. Miraba, pero ni siquiera se excitaba un poco. Después de mi orgasmo solitario me tapó y se fue a dormir a la sala.

¿Qué haces tan temprano en casa? Hace tiempo que no vemos una película. Traje un vídeo. ¿Estás bien? Claro que sí. ¡Como nunca! Encontré esto entre tus cosas del escritorio. Estaba ordenando. No sabía que eras también poeta. Ah… Sí, pero ya ni me acuerdo qué es… Es un poema de amor. Claro, así parece…, tú sabes, pura ficción… Escribí eso hace mucho tiempo, en verdad ni sé si yo mismo lo hice o copié de algún lado.

Lo miré impasible y puse el vídeo en el DVD. Oye, no estás enojada, ¿no? Era un invento mío, tratando de ser poeta, nada más… Tú sabes, siempre quise escribir… ¿Veamos la película? ¿Te gustaría comer una pizza? No respondí nada, me senté en el sofá. No te enojes, estemos bien, ¿ya? Ven, déjate abrazar, no seas así.

Me dejo abrazar, correspondo. Le acaricio el cuello, meto mi mano dentro de su camisa, siento sus hombros, la textura, la sangre, su espalda, la inconmovible.

Sólo pensaba en arrancarle la grasa de su cuerpo, abrirle una herida en el costado y dejar que muera. Grité de placer mientras me besaba el sexo, las marcas en su espalda también gritaban y le clavé mis uñas en el costado izquierdo hasta hacerlo sangrar. Él siguió con su afán. Tenía una tijera a mi alcance, la tomé justo en el momento de su orgasmo. Él no la vio hasta que abrió los ojos después de un rato. Me miró asustado, yo le di un beso en la boca y la puse sobre la mesa. Se tocó el costado.

Amor, no te olvides que esta tarde vendrá el mensajero de la oficina con mi ropa para el baile de mañana. No sabes lo hermoso que está. Sobre todo la montera. Le he hecho poner unas esponjitas por dentro para que no me lastime. No te preocupes, más bien trae la cámara para que te saque fotos. ¿En verdad vas a hacer eso? Me va a encantar, no tengo fotos de los años anteriores. Esta noche tengo una reunión súper importante, espero poder llegar temprano, ¿bueno?

Cuando se fue saqué cien fotocopias del poema y las pegué una por una en todas las ventanas de la casa. Luego cerré las cortinas. El mensajero llegó con el paquete cerca de las siete. Me preparé un sándwich y me puse a ver televisión. A eso de las diez de la noche abrí el paquete con la ropa. Tomé la tijera y empecé a cortar primero las mangas, luego desbaraté todas las lentejuelas, luego corté en pedazos muy pequeños los bordados. El pantalón de bayeta fue fácil de cortar, para la montera tuve que usar el cuchillo de la cocina. Sus esponjitas quedaron hechas trizas. Quedaban las abarcas. Encendí la chimenea y metí una de ellas, la otra la puse sobre el televisor. Luego me quedé con la tijera en mi mano sentada en el sofá, la vista clavada en la puerta.

(Te espero para alimentarte en un día de tormenta y sol. En mi parte más mojada voy a sopar mis dedos y los voy a meter a tu boca. Con un corte certero voy a arrancar tu entraña y la voy a triturar entre mis dientes para volverme tu vientre. Tus ojos van a mirar sólo mis manos y mis pies de adentro hacia fuera. Tu espalda lamida, mordida, rasguñada va a ser la tumba de mi lengua, mis dientes y mis uñas).

Last but not least- anuncio

Escrito por urbandino urbandino - 25/06/2010 - Nadie opinó aún

Por fin hoy debuta oficialmente Ana María Grisi, literata y escritora que, junto con Óscar Martínez y Paul Tellería, se sumó al nuevo Consejo Urbandino hace un par de meses. Seguros de que los lectores de Urbandina apreciarán su talento, le damos la bienvenida, agradeciendo su entusiasmo y buena voluntad.

El periplo de la Diablada y los Caporales- ensayo

Escrito por estido estido - 21/06/2010 - 10 opiniones

0. En Veracruz se baila el mejor danzón

Hace casi 160 años, en Cuba nació el danzón, ritmo que se popularizó rápidamente y trascendió fronteras, teniendo gran acogida en Veracruz, región mexicana que lo adoptó e incorporó a su repertorio popular, a tal punto que, hoy en día, “el danzón es mucho más mexicano que cubano”, según afirma Rosario Manzanos, periodista cultural, investigadora y, sobre todo, eximia bailarina de danzón, en una entrevista que le efectúa Jorge González.

Dicha aseveración –sumada a la que figura como título de la entrevista: “En Veracruz se baila el mejor danzón”– tal vez provoca molestia en algunos cubanos y quizá tengan argumentos para rebatirla, pero no pueden negar que después de un proceso de apropiación cultural, el danzón se ha convertido, legítimamente, en una manifestación artística representativa del pueblo veracruzano.

En el ámbito de la antropología cultural, “apropiación” y “legitimidad” no son conceptos incompatibles, pues el primero no es empleado para connotar robo, plagio o usurpación, sino para señalar el fenómeno consistente en la acomodación, adecuación y/o resignificación de elementos culturales por parte de una comunidad en su propio contexto.

En tal sentido, no hay nada de malo en que Vercaruz se apropiara del danzón; de hecho, es un fenómeno cultural que se ha dado a lo largo de la historia humana, y que, seguramente, seguirá ocurriendo mientras los pueblos experimenten procesos dinámicos de intercambio, reelaboración y (re)creación cultural.

Rosario Manzanos explica que el antropólogo mexicano Bonfil Batalla “tiene un cuadro donde habla de elementos culturales ajenos y decisiones propias; es la decisión de un colectivo que decide apropiarse y darle su propio significado a una manifestación cultural. Cuando esto sucede, hay una apropiación cultural y posteriormente se genera una cultura propia. Quiere decir que el danzón veracruzano es una cultura propia en estos momentos y a nadie le importa lo que puedan pensar los cubanos al respecto”.

“En Veracruz se baila el mejor danzón”, opina Manzanos. “Gracias a que nosotros lo inventamos”, piensan en Cuba.

1. El diablo anda suelto (y baila en grupo)

Debido a la influencia del cristianismo, en muchas regiones del mundo se originaron danzas folclóricas que tienen como figura central al diablo, cada una con características propias (musicales, coreográficas, simbólicas, etc.), incluso en la representación iconográfica del demonio.

En Bolivia, específicamente, antes de la creación de la república, el esfuerzo evangelizador de los sacerdotes, quienes vieron por conveniente representar los siete pecados capitales mediante una coreografía alegórica, devino en baile urbano, conciliando elementos autóctonos y occidentales para originar la Diablada, danza emblemática del pueblo Orureño que ha sido incorporada al folclor de otras regiones.

A principios del siglo XX, la Diablada comenzó a bailarse en Puno, Perú, y, a partir de entonces, se integró al patrimonio folclórico de esa región, ya que, como en el caso del danzón, se produjo un proceso de apropiación cultural. Por tanto, con total legitimidad, los puneños pueden afirmar que la Diablada es parte de su folclor. Sin embargo, este fenómeno cultural conlleva un rasgo particular: los danzantes peruanos no reconocen que la Diablada, tal como se representa en Puno, es originaria de Bolivia (lo contrario ocurre con el danzón, pues los mexicanos no niegan su origen cubano).

Algunos intelectuales peruanos plantean que la Diablada es una danza de la cultura andina y, por tanto, no tiene “nacionalidad”. Incluso se mencionan dos argumentos que apuntan a sostener la tesis de que la Diablada tiene origen peruano: 1) que los jesuitas, en su afán evangelizador, crearon una representación coreográfica de los siete pecados capitales, para que, a través del canto y la danza, fuese más fácil transmitir a los nativos de Juli (Perú) ciertos aspectos de la doctrina religiosa, allá por el siglo XVI; 2) que cuando se creó la danza, Oruro formaba parte del territorio peruano (recordemos que hasta 1825 gran parte de la actual Bolivia se conocía como Alto Perú).

Como ya dijimos, la influencia cristiana dio pie al nacimiento de diversos bailes en los que los habitantes originarios de América representaron la figura del demonio; es decir, lo ocurrido en Juli también sucedió en muchas regiones del continente, no sólo por la labor de los misioneros jesuitas, sino por la de sacerdotes de otras órdenes. Así, en el pueblo de Paria, Oruro, la representación de los siete pecados capitales fue evolucionando hasta adquirir las características de la Diablada que actualmente se baila en Bolivia y Puno.

Por otra parte, no importan los límites territoriales de la colonia ni de la época republicana para definir la pertenencia de las manifestaciones folclóricas, pues en esto, “las cosas no son de partida nacionales; son locales o regionales”, como indica el reconocido investigador chileno Manuel Dannemann en una entrevista concedida a Rosario Mena. Para él, es erróneo asociar lo folclórico exclusivamente a lo rural o autóctono, ya que “la cultura es necesariamente dinámica, tiene procesos y cambios. Y cuando, por motivos a veces inexplicables, algunas expresiones de la cultura logran adoptar gran fuerza y enraizarse en un grupo, mantenerse en la tradición de ese grupo y ser representativas de su identidad, y cohesionar a los miembros de esos grupos, aunque sean de diversas condiciones sociales y orígenes, entonces se convierten en folclor”.

Según Rosario Mena resume las ideas de Dannemann, “la fuerza identitaria y de cohesión social, y la reelaboración de la cultura, que es una sola, dinámica y, necesariamente, tradicional, definen para él lo folclórico de una manifestación. Sin importar su origen ni su antigüedad. Ni siquiera su carácter nacional”.

Estos conceptos apoyarían, en primera instancia, el argumento peruano de que la Diablada no tiene nacionalidad; sin embargo, al mismo tiempo, implican que es bastante difícil, si no imposible, que un origen compartido (lo aymara y lo cristiano) de lugar a procesos culturales que produzcan manifestaciones folclóricas idénticas en distintos lugares o comunidades.

Enrique Cuentas Ormachea, investigador peruano, escribió un artículo extenso donde plantea que la Diablada es “una expresión de coreografía mestiza del altiplano del Collao”, e incluso menciona que habría sido originada en su país. No obstante, algunas partes del texto traicionan la intención del autor:

La “Diablada”(…) se ejecutó por primera vez en Oruro, Bolivia, en 1789(…) Posteriormente, la danza se propagó a otros lugares del altiplano(…)

La Diablada se presentó en Puno el 2 de febrero de 1918, en la festividad de la Virgen de la Candelaria. Bajo el nombre de “Los Vaporinos” se formó un grupo de trabajadores de los barcos de la Peruvian Corp., que surcaban las aguas del Lago Titicaca. Ellos alquilaron los trajes de la danza y una banda de músicos al bailarín boliviano Pedro Pablo Corrales, quien era reconocido como maestro de “Diablada”.

Las primeras máscaras de Diablada proceden del taller del mascarero boliviano Antonio Vizcarra. A partir de 1956, los artesanos puneños Alberto y Ramón Velásquez incursionaron en este arte(…)

La Diablada Puneña desde 1922, hasta 1965, fue diferente de la Boliviana. La transformación se debió a que las limitaciones económicas del grupo de “Vaporinos”, que introdujo la primera Diablada, no les permitió sufragar los costos de alquiler de una banda de músicos, sustituyéndola por una banda de “Sicu-Morenos”, compuesta por instrumentistas de sicus o zampoñas(…)

Como se aprecia en estos fragmentos, la investigación de Cuentas establece que recién en 1918 la Diablada fue bailada en Puno, e implícitamente, que fue “importada” de Bolivia. Pero, según él, dicha “importación” es, en realidad, un retorno lógico y natural de esta danza a su lugar de origen.

Lo cierto es que, a casi un siglo de la primera representación en Puno, la Diablada se ha incorporado al patrimonio folclórico de esa región peruana, mediante un proceso de apropiación cultural que legitima su práctica y desarrollo como manifestación del folclor puneño, más allá de su origen. Sin embargo, aunque el origen sea secundario en la formación, enraizamiento, reelaboración y manifestación de lo folclórico, no por ello debe ser ignorado o tergiversado. En este sentido, la Diablada, tal como se la baila en nuestro país y Puno, es de origen boliviano (claro que sería más adecuado decir: orureño).

2. Por qué me enamoré de ti…

Al igual que los diablos orureños, los caporales paceños fueron adoptados por el pueblo de Puno, que en 1979 se enamoró de la danza creada por los hermanos Estrada y presentada por primera vez en la entrada del Gran Poder de 1972.

Víctor y Vicente Estrada, junto con otros muchachos de su barrio (Chijini), bailaban danzas autóctonas en peñas de La Paz durante la década de los 60, cuando la música folclórica era “mal vista”, al ser considerada como música de (y para) indios. En 1969 asistieron a la presentación de un grupo de comunarios de Tocaña (gestionada por el empresario Alberto Pacheco) y quedaron impresionados con la saya afro-yungueña. Esto los inspiró para inventar la danza de los Caporales, bautizada así porque su atuendo se diseñó imitando la vestimenta del “caporal” de Tocaña, “un viejo negro de buzo, blusa y sombrero de ala ancha(…), que tenía un machete y dos cascabeles en las botas con los que anunciaba su presencia”, según relata Vicente Estrada en un reportaje de La Razón.

El ritmo de la tuntuna sirvió de base musical para la creación de los pasos, cuya característica principal era (y sigue siendo) el despliegue de agilidad en secuencias de saltos, volapiés y otras piruetas que causaron sensación en el público que presenció el debut de la danza hace casi cuarenta años.

En poco tiempo, se fundaron otras fraternidades de caporales y el baile se enraizó en la cultura paceña, desde donde se extendió hacia otras regiones del país y el extranjero. El ritmo caporal, además, se incorporó a la música folclórica gracias a la fecunda labor de compositores bolivianos que crearon un amplio repertorio en menos de dos décadas, y varios grupos lo difundieron allende nuestras fronteras (pese a que algunos cometieron el error de denominarlo “saya”).

La rapidez con que la danza de los Caporales se popularizó y convirtió en manifestación folclórica boliviana también se dio en el proceso de apropiación cultural que experimentó en Puno. Pero en este caso particular, los danzantes peruanos sí reconocen que los Caporales provienen de Bolivia. Por eso, llama la atención que algunos académicos del país vecino comenzaran a plantear versiones alternativas sobre el origen de esta danza, con argumentos que giran en torno a las similitudes culturales originarias entre Bolivia y Perú. Por ejemplo, indican que la tuntuna es un ritmo que también está presente en su repertorio folclórico; que en Perú también hay una gran comunidad de afrodescendientes; que el pueblo aymara es uno solo, pese a los límites fronterizos actuales; que la danza de los caporales es una manifestación cultural autóctona de los aymaras y, por tanto, tan peruana como boliviana.

Tales argumentos no tienen asidero, ya que los Caporales no corresponden al ámbito rural ni son parte de la cultura ancestral. No hay dudas sobre su origen y fecha de creación; es más, incluso se conoce la identidad de sus creadores. Danza urbana, no rural; danza moderna, no ancestral; danza folclórica, no autóctona: los Caporales nacieron en el Gran Poder de La Paz.

3. Bailando se entiende la gente

“Asimilación”, “antropofagia” y “apropiación” son términos que, asociados a lo cultural, se convierten en conceptos teóricos para definir algunos fenómenos que responden a procesos culturales específicos. En ningún caso estos conceptos implican algún sentido peyorativo o se emplean para establecer la supuesta supremacía de una manifestación cultural sobre otra similar.

Quizá el mejor ejemplo de asimilación cultural se encuentra en la mitología romana. El Imperio Romano conquistó Grecia y asimiló su mitología; de este modo, poetas como Virgilio y Ovidio construyeron un corpus mitológico de carácter fundacional. Gracias a ese proceso, la humanidad goza de “La Eneida” y “Las metamorfosis”, entre otras obras que legaron los vates romanos.

La Diablada se convirtió en manifestación folclórica tras un proceso de antropofagia cultural, en el que se “digirieron” elementos de culturas foráneas para darles nuevos sentidos y producir una expresión propia. Lo que proviene de la religión occidental es lo más evidente, pero también hay pequeños detalles, como los dragones –que no corresponden a la cultura andina–, cuya incorporación al atuendo de esta danza se debe a que un minero boliviano encargó al bordador reproducir en su traje la imagen del dragón que estaba impresa en los envoltorios del té Hornimans.

Así, la Diablada es una de tantas otras manifestaciones folclóricas latinoamericanas que se originaron por un fenómeno antropofágico. Y debido, probablemente, a la cercanía geográfica y las similitudes socio-culturales, el pueblo de Puno se apropió de esta danza, incorporándola a su folclor a través de un proceso que, hoy por hoy, la legitima como expresión cultural puneña.

La danza de los Caporales también ha sido apropiada por el pueblo de esa región peruana, y su práctica se ha extendido hasta la costa, donde hay danzantes limeños que todos los años viajan a Puno para bailar en honor de la Virgen de la Candelaria.

Igual que los veracruzanos respecto al danzón, los puneños dicen que en Perú se baila el mejor caporal. Todo es cuestión de gustos, pero lo cierto es que no habría posibilidad de realizar ninguna evaluación estética si los hermanos Estrada no hubieran creado esta danza en la zona paceña del Gran Poder hace 38 años.

Bailemos, entonces, genuinos Caporales y Diablada, tanto en Perú como en Bolivia, pues ambas danzas, más allá de sus orígenes y procesos de formación, son manifestaciones folclóricas que enriquecen las culturas de ambos países y dan lugar a pensar que la globalización no sólo desparrama enlatados, Halloween, McDonalds, etc., sino también permite dinámicas culturales que hacen crecer el patrimonio intangible de la humanidad.