¿Música clásica?- ensayo

Escrito por disfonia disfonia - 23/02/2010 - 2 opiniones

Si me preguntan qué tipo de música canto digo “lírica”, y supongo que queda perfectamente claro. Ahora, si le preguntan a mi pianista qué tipo de música toca, dice “clásica”, y lo que se entiende por esto –estoy segura– es que pasa horas frente a, por ejemplo, Mozart, Beethoven o Bach y que tuvo una formación académica, interpretando así el repertorio de “los grandes compositores”. Evidentemente, estoy hablando de la deducción que sería propia de un público no especializado, pero que también correspondería a uno igualmente conocedor de la materia, al estilo tradicional, claro. Lo que me da vueltas actualmente es el hecho de que el término “clásico”, tan comprensible por comunicable, es inexacto, inadecuado, o en el mejor de los casos ambiguo.

¿A qué hace referencia lo clásico? A un periodo histórico. Y justo ahí encontramos el primer tropiezo. ¿Tocas música del tiempo de Mozart? ¿Algo de Haydn tal vez? ¿Algunas sonatas de Beethoven? Y es que, en este sentido todo lo que no comprenda el período clásico deja, por lógica, de ser clásico (¿acaso?). Pero bien sabemos que por “clásico” se entiende también todo aquello que no pasa de moda. Segundo tropiezo, porque “Con tu pollera colorá” es un indudable clásico de la cumbia, o el archisupermegaconocido “Stayin’ Alive”, de los encantadores Bee Gees, por citar los dos primeros ejemplos que se me vienen a la cabeza, y que me bastan para dejar deslizar una inocente pregunta: ¿Clásico de qué es una Suitte de Bach?, ¿de Bach?

Existe, como consecuencia, otro término en circulación que pretende desmontar el error histórico instaurando otro, ahora de carácter social o antropológico, por decir lo menos: “Música culta” viene a ser un concepto que, puestos a pedir, puede llegar incluso a ofender, no digamos a un indígena andino y su tradición pentafónica, sino a la propia Celine Dion que no creo que esté de acuerdo en aceptar que ella hace música inculta ¡ni nosotros! De qué estamos hablando entonces. De, nuevamente, ¿un discurso de poder que nombra y se nombra a partir de lo que cree ser? ¿De una visión europeizada y europeizante que clasifica, selecciona y pretende culturizar su propia práctica? Pero la cosa no se queda ahí, porque, por si fuera poco, la noción de “Música contemporánea” dictada por la Academia ni siquiera roza a Alejandro Fernández –que yo sepa más vivo que nunca y cantando por aquí y por allá– sino solamente a la misma tradición que proclama que es “la música de hoy”, pretendiendo negar tácitamente el hecho de que el 80% de la música que acaricia mis oídos, y a veces los tortura, es música popular absolutamente contemporánea.

Finalmente, no falta quien percatado de dicha desavenencia historicolingüística, sugiere que mientras practica una buena lectura escucha música “selecta”, y yo me pregunto entre qué colección de éxitos eligió sus propios hits, ya que antes de empezar mi sesión de aeróbicos, yo también selecciono la música que considero apropiada. Selecta ante qué, contra qué, por quién.

Aunque lo he hecho, el sentido de estas reflexiones no apuntan a una crítica reivindicatoria del yugo que la Academia, y todo lo que ésta connota y ejerce sobre el mundo musical. En nuestro boliviano presente, no me interesa recalcar el hecho de una colonización –además– sonora (para eso tenemos que descolonizar nuestras mentes primero) y mi propuesta no va por ese terreno, sino por otro –modestia aparte– algo más general.

Extraña o previsiblemente, y si mi ignorancia no lo desmiente, el mundo entero está aquejado –digo yo– por la carencia de un concepto, digamos un término, que nombre a cabalidad de qué música estamos hablando si digo Schumman o Puccini en vista que, como hemos visto, ni clásico, ni selecto, ni culto ni… obedecen hasta ahora a un criterio que dé cuenta de líneas comunes al género y lo diferencie –para los fines que convengan– de otras vertientes musicales. El problema radica en la inexactitud de cualquier calificativo, puesto que evocando al opuesto correspondiente (música seria vs. música jocosa???) vemos que se cae por su propio peso, y si no es equivocado, es al menos insuficiente, ambiguo e impreciso.

Luego de dar vueltas a la idea, encuentro que una veta común de este tipo de música es su tradición escrita, frente al otro amplio mundo, llámese en el tiempo, “profano” o “popular” y que no se difunde gracias a un lápiz en mano. Hay un soporte gráfico en esta manera de pensar y explorar el sonido, aunque esté de más decir que no todo es o puede ser registrado por la escritura. El arte siempre deja en silencio (pero no por eso en ausencia) una parte importante –tal vez la más– de su esencia. Pesa más lo indecible que lo que se escucha, porque lo que no se dice emite una discursividad propia; es decir, se escucha también en la música. De igual forma, en este ejercicio de registrar hay cosas que siempre quedarán salvadas a la sensibilidad y el buen criterio del intérprete, pero siempre dentro de ese paradójico marco de libertad de la tradición que mencionamos. Me dijo el reconocido compositor boliviano, Javier Parrado, hace unos años en un i-mail:

Existe una tensión resuelta por los músicos de varias maneras entre el instante que nacen las cosas (algo como el “tinkazo”) y el olvido que crece, como la piedra de Prometeo. La notación-creación, una parte de la composición, se siente a veces como un paliativo para calmar esa tensión, y las notaciones abiertas (incluso una sonata o un lied) trasladan tal tensión al campo de lo-que-no-se-escribe-pero-se-toca.

De tal suerte que la escritura del “tinkazo” queda corta frente al impulso que lo lleva a la acción, en vista que estamos frente a una manifestación artística que por antonomasia va a, si no superar, al menos traspasar el lenguaje. En este sentido, el lenguaje musical se valdrá de signos que están soportados, a su vez, básicamente por cinco líneas que configuran un sistema sonoro –sea tonal o no, en cuanto se sirven de este ordenamiento. No menciono a toda la corriente atonal, serial, aleatoria, y las otras experimentales que prescinden de las cinco líneas, ya que no se los llama clásicos ¿no? Hablo esencialmente del ordenamiento tonal y las primeras rupturas atonales. No por nada clasificar a Piazzolla, por ejemplo, se torna una incertidumbre que no pocos han tratado de responder, en vista que en su caso tenemos una marcadísima tradición popular, es decir, ágrafa (el tango), pero imprescindiblemente ordenada, repensada y escuchada, al final, a partir un papel. De ahí que Piazzolla esté en un umbral interesante; es decir, entre el tango arrabalero y los sones… ¿de la Academia? (no, porque hoy por hoy también se enseña jazz y rock en la Academia (por lo que hoy por hoy hablar de “música académica” sea un doble sinsentido)), digamos mejor: los sones que toman distancia del arrabal.

Queda claro, entonces, que es el hecho de la escritura lo casi connatural a esta producción musical. Es su característica gráfica, mono, tetra o pentagrámica, en distintos momentos de la Historia, la que a diferencia de las otras creaciones cultas, selectas, clásicas etc., que guardan la manera de interpretar su música en la memoria y en el mismo tacto, la que en principio y final diferencia una forma de hacer música. Para quienes tratamos de ser fieles a la letra, mezzo forte no es mezzo piano y por poner el más simple ejemplo, una indicación así ya condiciona todo un espectro sonoro de la interpretación. Entonces, si de dar un adjetivo se trata, un adjetivo que a su vez nombre, y que nombrando promueva alternativas, es decir, que no se circunscriba a estilos determinados (el Clásico, el Barroco, el Expresionista, etc.), pero que a su vez siente una diferencia evidente y pueda acercarnos a la comprensión de una tradición, creo que la noción de música pentagrámica –o grámica simplemente– sería sumamente válida, ya que no sólo atiende a la escritura, sino a la importancia y valor del signo en el mismo pentagrama, vale decir, a todo lo que se decodifique en cuanto signo y nos dé, a partir del significado, una forma de entender la configuración de todas esas manchitas en el papel. Que esta música –que dicho orden– me suene claro, calmo, culto, serio o aburrido, no depende de nada excepto de mi propia concepción estética –creada, lograda o impuesta– y el buen manejo del marketing. Esta música tiene su partida real de nacimiento el día en que se la escribe; en que se la da a conocer, se la analiza, se la interpreta, se la pone en el mundo a partir de un papel, si bien puede haber estado años en la mente del compositor, y no de grabaciones o conciertos que son posteriores. Acá, diría Descartes: “leo, luego toco”. Wiettgestein: “los límites de mis dedos son los límites de mi visión” y Sócrates: “conoce tu partitura…”. Creo que hablar de una tradición grámica se acerca a la diferenciación que, insisto, para los fines que convenga, puede ser útil hacer.

¿Clásica? Sí, en algún sentido. ¿Culta?, ¿elitista?, ¿ seria? Son términos, gracias a Dios, demasiado subjetivos para nombrar algo que siendo subjetivo también permite nombrarse con mayor rigurosidad. Es rescatable, no lo niego, que sin embargo lleguemos a entendernos pese a estas inconcordancias de la lógica y el lenguaje; al final de cuentas, “subí arriba” también comunica, pero estoy segura que una opción para recrear el mundo de la lengua nunca está de más.

Entrar en El Paraíso- microrrelato

Escrito por Hefesto Hefesto - 18/02/2010 - 4 opiniones

A la entrada me recibe (me repele) un hombre que, derramándose sobre un taburete, levanta un índice nudoso y macizo como un mástil para indicar que no, que no puedo entrar, que es inútil insistir (en caso contrario, según me contaron, el índice, replegándose, vuelve al amasijo de dedos que, semejante a un llavero de carne y hueso, es depositado luego en el bolsillo de la pesada chaqueta de cuero). Hombre paquidérmico y parco, San Pedro (como le dicen, según me contaron, los pocos bienaventurados que logran el ingreso, agradeciéndole de paso el saludo de la noble papada que se inclina, completando otro gesto amistoso: el guiño del ojo grande y coronado por un párpado brillante de sudor, ese ojo como abrumado por el peso de telón que parece amenazar cada una de sus miradas de ballena), San Pedro, entonces, me ha cortado el paso con ese índice nudoso y macizo como un mástil, sin una sola palabra, sólo derramándose sobre el taburete cuyas patas, cortísimas, parecen empotradas en el piso de cemento, con el NO definitivo en la inmovilidad contundente de su grasa musculosa y en la fijeza opaca de sus ojos de mamífero marino. Y yo, pobre pecador, no menos inmóvil bajo la luz roja que promete (garantiza, según me contaron) tantas delicias sin nombre, me contengo a duras penas para no golpearlo en el cráneo rapado y áspero hasta sacarle (o dejarme sacar) sangre, limitándome cobarde y razonablemente a saborear briznas de la música gloriosa que, por las rendijas del portón prohibido, escapa impregnada de luces coloridas, resplandores tropicales y el picante perfume de los ángeles. Pero sé que estorbo, porque en el ojo negro del monstruo se adivina ya una impaciencia amenazante, y detrás de mí, hasta perderse de vista, ansiosamente oscura, soltando uno que otro suspiro estremecedor en la penumbra de la galería, se prolonga la cola de almas en pena, de almas que esperan penetrar, una noche al menos, en el paraíso de la carne.

Cualquier crítica es bienvenida- opinión

Escrito por estido estido - 13/02/2010 - 7 opiniones

Por fin pude comprimir el cortometraje como para que pueda ser visto en línea. Lamentablemente, la calidad no es óptima, pero es posible descargar una versión algo mejor aquí (pesa 105 MB y esta en formato flv). Dentro de poco, en la medioteca se podrá descargar una versión óptima (en varios formatos), aunque, eso sí, su peso excederá los 500 MB.

Sin embargo, ya que la entidad organizadora del concurso no ha manifestado ninguna intención de difundir “Si acaso en Chuquiago…”, queremos compartirla con todos a través de este medio y, así, recibir críticas que nos ayuden a mejorar en futuros proyectos.

Bueno, sin más preámbulos, he aquí nuestro cortito:

DESCARGAR EL GUIÓN DE “SI ACASO EN CHUQUIAGO…”

Índice del foro- foro

Escrito por urbandino urbandino - 13/02/2010 - 3 opiniones

Los concursantes que deseen publicar sus cuentos en este espacio de crítica deben mandar un mensaje a urbandina@gmail.com, indicando el título del relato, el seudónimo, el nombre del autor y una breve nota en la que se explicite el deseo de participar en el foro.

Por orden de adición, los cuentos que están participando de este foro son:

  1. “Cara o cruz” (el dos caras)
  2. “Memorias al viento” (Eneida)
  3. “Voyeur” (Keaton)
  4. “Verónica” (Ray Twain)
  5. “El señor de los peces” (Sebastian Bach)

No se recibirán versiones editadas/corregidas de los relatos; se publicarán las versiones que se enviaron al concurso.

Ir a la página del concurso “Tinta Fresca”
Descargar las bases del concurso
Descargar todos los relatos concursantes

Cuento: “Cara o cruz”- foro

Escrito por urbandino urbandino - 13/02/2010 - Una opinión

AUTOR: Sebastián Sánchez
PAÍS: Bolivia

Descargar este cuento
Volver al índice del foro

El viento sopla fuertemente aquí arriba. Juega con mi pelo, lo despeina y a veces no me deja ver bien. Me paso la mano y me doy cuenta que tengo el pelo largo. Uso el pelo largo. A Mariana no le gustaba eso, le parecía sucio, muy desordenado. A Fabiola sí. A ella le gustaba pasarme sus dedos por mi larga cabellera, rascarme cariñosamente como una madre, acariciarme mientras me apoyaba en su regazo y me iba adormeciendo mientras ella me contaba de su día y yo del mío. Hoy fue un día largo, al menos para mí. Me pregunto que habrá hecho ella. No me lo contó en todo caso.

Le doy una pitada mas a mi cigarrillo, el viento me sopla el humo de vuelta a la cara. A Fabiola no le gustaba que fume. A Mariana sí. Recuerdo el constante olor a tabaco de Mariana, su boca y ese desagradable sabor a cenicero. Recuerdo sus piernas juguetonas rozando las mías, su mano traviesa pasando por mi entrepierna mientras fumábamos en silencio echados en el pasto mirando el cielo, cada uno inmerso en su propio mundo. Aspiro el cigarrillo una vez más.

La ciudad tiene un aire poético a estas horas de la noche. La vista siempre tiene un aura de cierto misticismo desde esta altura. Tanta belleza es abrumadora en ocasiones, ahora está simplemente “en su punto”. Recuerdo su sonrisa. La sonrisa de Fabiola venia cargada de inocencia, como ella misma. No era totalmente ingenua, yo sabía eso, pero se dejaba sorprender fácilmente por los pequeños detalles de la vida, como un niño deseoso de aprender. Esa inocencia enternecedora era la que me despertaba un instinto natural de querer protegerla y ayudarla a conocer el mundo, me encantaba. Aun así soy muy consciente que no era ingenua en absoluto. En realidad siempre temí que lo supiera, sus ojos inquisidores me engañaron más de una vez, casi llego a confesárselo por su sola mirada. Sus maneras delicadas y su trato magnánimo pueden cambiar súbitamente si se la provoca. Pero igual, no podía sentirme amenazado nunca por ella, después de todo, era tan inocente. Inocente si, ingenua no, simplemente “en su punto”. Fumo una vez más.

Estando al borde del último piso, el octavo, de un parqueo casi desierto; el viento es fuerte, la altura impactante y el silencio abrumador. Dejo caer la colilla de mi cigarrillo a punto de terminar y veo como cae lentamente sin perturbar la paz del ambiente por unos pocos segundos. El ambiente es “ideal”. Recuerdo su sonrisa. Mariana tenía una sonrisa maliciosa, acompañada por un levantar de cejas tan característico suyo, como si estuviera siempre planeando algo. Ella siempre salía con la suya, en cualquier discusión podía ganarme la pulseada, aun si no tuviera razón. Me hacía creer en ella ciegamente sin importar la cantidad de veces que me hubiera mentido antes y yo caía en su trampa como un pez globo con memoria de tres segundos. Esos detalles sin embargo le daban vida a la relación, la mantenían como una batalla constante, como una competencia; interesante en realidad. A ella, a diferencia mía, le gustaba la idea de tener una víctima engañada y hasta creo que le hacía sentirse poderosa. Puede ser, tal vez por eso siempre me podía vencer, pero para mí una derrota ante ella era un placer. Nunca un segundo en paz, nunca un segundo aburridos. Con ella el ambiente era “ideal”. Prendo otro cigarrillo y vuelvo a fumar.

Es difícil levantarse. Cuando uno cae es difícil volver a levantarse. Es difícil enderezar las ramas torcidas de un árbol que ya creció de esa forma, es difícil encauzar un rio que, por lluvias o que otro desastre, ya perdió su curso y, dependiendo del golpe, lo más difícil es levantarse en sí. Es un golpe duro el perder a alguien cercano. Es peor aun perder a más de una persona. Hasta es peor perderse a uno mismo. Es difícil levantarse, lo fácil es caer. Lanzo nuevamente mi cigarrillo, este cae suavemente en el silencio de la noche. Miro hacia abajo otra vez, el vacío cada vez más tentador. Yo se lo difícil que es levantarse y lo fácil que es caer. ¡Ja! Que fácil que es dejarse caer.

Volver al índice del foro