Nuevos archivos en la Medioteca- medioteca

Escrito por estido estido - 29/09/2009 - Comments Off

Hemos añadido a nuestra Medioteca una entrevista a Jorge Luis Borges y la genial disertación sobre las malas palabras del Negro Fontanarrosa.

Fontanarrosa y las malas palabras- medioteca, video

Escrito por estido estido - 29/09/2009 - Nadie opinó aún

Conferencia del Negro Fontanarrosa en el 3er. Congreso Internacional de la Lengua Española, realizado en Rosario, Argentina.

Entrevista a J.L. Borges- medioteca, video

Escrito por estido estido - 29/09/2009 - Una opinión

Entrevista a Jorge Luis Borges, realizada en el programa A Fondo de TVE, en 1976. Para facilitar su reproducción, la entrevista está dividida en 10 partes.

SHOCK (literatura, sexo y ambulancias)- opinión

Escrito por V. V. - 28/09/2009 - 5 opiniones

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Vivimos en la indefinición. La metamorfosis y el nomadismo son hace ya mucho nuestro estado natural. Múltiples son los beneficios que nos ha traído la era informática. Muchos más, diría, que los consecuentes males de esta post-postmodernidad (¿quién sabe cuál es la sustantivo definitivo de nuestros días?). La literatura, claramente, no ha escapado a este fenómeno. Los textos, por ejemplo, que 200 años atrás le valieron la censura y la cárcel al Marqués de Sade son hoy moneda corriente de las letras y otras artes. Las manifestaciones de protesta, los happenings, la toma de fotografías multitudinarias, el mainstream cinematográfico y sobre todo la crítica cultural, se han ocupado de adoptar al cuerpo desnudo y la sexualidad explícita como banderas. Esto, sin embargo, en casi todos los casos ha venido acompañado de un sobreentendido: la abierta utilización del sexo está ahí para recrear y denunciar un desorden mayor (social, cultural, político, etc.), una crisis de la que se debe despertar mediante la violenta aceptación de nuestra humanidad sin tapujos, de nuestra humanidad que es humanidad también gracias al sexo, la masturbación, la sangre, las heces. E incluso en casos distintos, en casos en los que la sexualidad se presenta ya no como vehículo metafórico sino simplemente como sexualidad, ésta ha venido precedida por la premisa de que la estética de lo explícito debe ser asumida como natural, como parte trascendental, y por lo tanto común y corriente, de la vida. No debe haber censura, no debe haber prohibición, parece ser el lema bajo el cual marchan estos ejércitos. Y por lo tanto, podría añadirse, no debe haber sorpresas. En un presente en el que las formas más explícitas de la pornografía y los estudios académicos sobre sexualidad están por igual al alcance de la mano, en la que la democracia informática viene a la par, o dicta, la democracia estética, el sexo (y todas las formas de la sexualidad) ha dejado de ser un mito.

Pero éste, claramente, es un lugar común. El furor teórico feminista y la marea de los estudios de género parecen haberse alejado de nuestras orillas con el último reflujo de la década de los setenta. Ahora hay algo más. Ya no solamente la pornografía llevada a las masas como objeto de consumo, a las universidades como objeto de estudio y a las calles y las galerías de arte como llamada de atención, como objeto de alarma destinado a promover el carácter profundamente cotidiano de la sexualidad y la violencia. La filosofía de la libertad visible en los tratamientos sobre sexualidad en los dos últimos siglos parece haber devenido en un oscurantismo furibundo, la rebelión contra la mediocridad y la ortodoxia social y cultural, en una sobreexposición más cercana al plástico de una muñeca inflable que a la verdad social del cuerpo desnudo. ¿Qué pasa, entonces, cuando los seres humanos son representados únicamente por sus fluidos corporales? ¿Qué, cuando la transgresión de la censura se resuelve como un continuo primer plano en el que el colmo de la escatología se agarra a golpes con una sexualidad artificial manchada de sangre? Una de las respuestas posibles, una de las tantas ahora, es que pasan novelas como Snuff (2008).        

La penúltima novela de Chuck Palahniuk, el autor que produjo piezas como Fight Club (1996) y Choke (2001), narra la historia de Cassie Wright, legendaria actriz porno americana que pretende terminar su carrera rompiendo el récord mundial de sexo grupal teniendo sexo con 600 hombres y muriendo en el proceso (“the biggest gang-bang in history”). La premisa de inicio es dramática hasta la caricatura y el efecto de levedad latente en el texto no deja de estar presente pese a los intentos de profundidad y vueltas de tuerca que Palahniuk le da a la novela (uno de los hombres que espera en la larga fila de 600 participantes de esta terrible orgía es hijo de Cassie). A pesar del limitado uso del lenguaje y debido a hilarante o deprimente (eso a gusto personal) trama de la historia, Choke rezuma grandes cantidades de fluidos corporales y reiteraciones superlativas acerca de la cercanía de la pornografía y la violencia. Lo que no deja de ser sorprendente, sin embargo, es que Choke, como la mayor parte de las novelas de Palahniuk y todo su trabajo de cronista, es tomada de una experiencia real. Quizás es el mérito que Palahniuk tiene como cronista y reportero de las actitudes extremas de la época (alguien lo describió como un Tom Wolfe en anfetaminas) lo que lo ha llevado al éxito comercial masivo y a las aulas universitarias. Choke está inspirada por la experiencia de Annabel Chong, una actriz porno (que en la juventud estudió leyes en Kings College London y estudios de género en la Universidad de California) que en 1995, a los 22 años, marcó un récord mundial al tener 251 actos sexuales con 70 hombres en un periodo de 10 horas.

Pese a que Palahniuk se atribuye el calificativo de minimalista por su uso del lenguaje (parco, breve y cotidiano, un lenguaje casi oral), es más bien conocido por ser uno de los mayores representativos de la literatura de shock. En su narrativa, cuentos, novelas y crónicas, el primer plano lo ocupa la descripción explícita y visceral de una sexualidad obsesiva, sumergida en un mar de sangre y vómitos. Su estética, por donde se la vea, es la del panfleto amarillista, la del cine de explotación, la de las revistas porno mugrientas de grasa, pero quizás lo verdaderamente interesante, pese a lo innecesariamente hiperbólico, es que el quid de sus ejercicios textuales reside en una profunda y agresiva experiencia de shock, del trauma producido por el horror. La narrativa de Palahniuk es terrible pero funciona a pesar de eso. O más bien, funciona precisamente por eso.

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En 2004, Playboy Magazine publicó Guts, uno de los cuentos que compone el libro Haunted (2005). Ya un año antes, en 2003, mientras Palahniuk hacía un tour publicitario para la promoción de su novela Diary, Guts era parte de su repertorio en mesas de presentación y charlas públicas. El relato es uno de los textos icónicos del autor, no sólo por estar basado en experiencias reales y ser de naturaleza profundamente repulsiva, sino porque según se reporta en el sitio web dedicado a Palahniuk (The Cult) y según el mismo autor, hasta la última lectura pública del texto, el 28 de mayo de 2007 en Victoria, Canadá, 73 personas se desmayaron por efecto de la trama. No voy a hablar aquí del texto para no arruinar la sorpresa (porque también de eso se trata, Palahniuk le ha devuelto la sorpresa, el shock, a la misma sexualidad que la sobre-información y la crítica cultural habían calificado como parte del día a día) pero debo aclarar que en este caso no se trata simplemente de un estudio sobre sexualidad pasado de revoluciones. Palahniuk no es sólo sexo sino la amalgama del sexo con el asco, con el horror, en función de un efecto sumamente poderoso. Cuando uno ve videos o escucha archivos de sus lecturas en público se sorprende por igual por lo repelente de los textos y el gran nivel de hilaridad que consiguen en los espectadores y oyentes.

En una época en la que no hay nada prohibido, nada secreto, nada velado, Palahniuk muestra una literatura condensada hasta la simpleza insoportable, liberada de taras como la proposición de un proyecto estético, para entregar chispazos de horror, de sadismo, de accidentes sexuales explícitos. Su literatura es consciente de carecer de pretensiones artísticas, es honesta en sus deseos de abrirse paso entre la multitud a base de una violencia que provoca asco, y sin embargo, pese a la notoria superficialidad y el gran éxito comercial, no se encuentra al mismo nivel que, digamos, Dan Brown o Paulo Coelho. Lo que en el primero es una descarada tergiversación de la historia y el aprovechamiento del morbo ocultos bajo la máscara de la búsqueda de “la verdad”, y en el segundo nada más que la explotación del sentimentalismo en aras de la superación personal, en Palahniuk no quiere disfrazarse de nada. Desde la portada de los libros hasta la última letra el lector sabe que se va a encontrar con la misma provocación, los mismos intentos estrafalarios de escandalizar que no piden perdón ni permiso a nadie. Los desmayos que se produjeron hasta 2007 con la lectura de Guts no son casuales, aquí no se vende gato por liebre sino siempre el mismo producto, transparente y explícito en sus intenciones. E incluso así, pese a que el lector del autor de Fight Club sabe bien que se va a meter a un mundo en el que las tramas son casi ejercicios de resistencia, pruebas para ver hasta qué punto el lector puede aguantar el shock de la lectura sin tirar el libro al basurero o ponerse a vomitar, textos como Guts no dejan de crear víctimas. Palahniuk cuenta divertido cómo casi siempre, antes incluso de terminar la lectura pública del texto, podía escuchar desde los auditorios en los que leía el sonido de las ambulancias en la calle, que se acercaban rápidamente para socorrer a la gente que se desmayaba sentada sobre la sillas, a medio camino entre el auditorio y el baño, en las calles donde salía para tomar aire. Esa es también la literatura hoy. Una literatura que ha sido sorprendentemente aceptada incluso por la academia (pese a que se la vea nada más que como a una curiosidad y a que la crítica se haya encargado casi unánimemente de censurarla y mandarla al mismo basurero cultural donde descansan los libros de autoayuda y cierta música pop).

A continuación, dejo links a la versión original de Guts publicada en Playboy, a dos de las (más que mediocres) pocas traducciones al español que se consiguen por aquí, y un video (que en realidad es sólo audio) de Chuck Palahniuk en una de las lecturas de su infame texto. A ver qué dicen. Ojo que se necesita entrañas.

Original:           http://chuckpalahniuk.net/features/shorts/guts

Traducción 1:  http://www.taringa.net/posts/arte/2846179/El-Cuento-que-hace-desmayar-a-la-gente.html

Traducción 2:  http://nochesprohibidas.org/2006/06/14/tripas-guts-por-chuck-palahniuk/

Audio en Youtube, 1 de 3:   http://www.youtube.com/watch?v=I0ln9ZQY_V4

Carta abierta a don Evo Morales- opinión

Escrito por estido estido - 24/09/2009 - 12 opiniones

Antes de transcribir la carta, es necesario explicar el contexto/pretexto de su redacción.

Hace poco más de un mes, en Cochabamba se eligieron las 10 novelas fundamentales de la época republicana de Bolivia. Resalto esto, pues algunos medios de prensa difundieron la noticia con el adjetivo incorrecto, indicando que se habían escogido las 10 mejores novelas de nuestro país, y así fue reflejada en varios medios virtuales (por ejemplo: el blog del ángel caído).

Pese a tremendo error, dicha lista no provocó las reacciones que, personalmente, pensé que se generarían, pues, indudablemente, este tipo de “rankings” siempre son discutibles y, por ende, polémicos. En la Internet no encontré muchas opiniones al respecto, y entre las que leí, algunas plantean objeciones con argumentos, según yo, poco o nada sustentables.

En un blog (Ecdótica, si mal no recuerdo) una comentarista indicó que lamentaba la falta mujeres en la lista de autores. En otro, se alude a la antigüedad de las obras elegidas, insinuando que la lista es conservadora, pues no incluye novelas de autores jóvenes. Pero don Arturo von Vacano se llevó la flor al afirmar que la lista fue elaborada por derechistas, quienes, consiguientemente, no habrían seleccionado ninguna novela de izquierda.

Leyendo otros artículos del señor von Vacano, llegué hasta el punto de partida de su afirmación. Resulta que don Arturo revisó “el único libro sobre crítica literaria que parece importante y fue editado después del 2000” y no encontró “una sola línea” referida a su obra, atribuyendo esta omisión a su ideología política. Según él, los derechistas de la “escuela Montenegro” (aludiendo a Raquel Montenegro, directora de la Carrera de Literatura, a quien le atribuye poderes casi sobrenaturales en el seno universidad) se han encargado de impedir el estudio, lectura e incluso publicación de su obra y la de muchos otros escritores izquierdistas.

Finalmente, don Arturo ha publicado una carta abierta al Presidente Morales, manifestando su inconformidad sobre las diez novelas elegidas. Y ya que es probable que su ejemplo sea imitado por otras personas, he decidido adelantarme para hacer notar mi parecer sobre algo que sí considero injusto en dicha lista y, así, obtener cierta prioridad si es que tales misivas llegan a ser consideradas.

Señor
Don Evo Morales A.
Excelentísimo Presidente de Bolivia
Presente

Sé que la coyuntura actual exige su total concentración, por lo cual le pido disculpas si esta carta lo distrae de tan importantes asuntos, pero, dado que el punto central de la misma atañe a una iniciativa de su gobierno, considero que no resulta del todo impertinente solicitar su atención sobre el respecto.

Ocurre que recién leí la carta abierta que el ciudadano Arturo von Vacano le dirigió a usted, solicitándole se enmiende un supuesto error en la lista de las Diez Novelas Fundamentales de la época republicana de Bolivia, cuya publicación masiva correrá a cuenta del Estado y servirá para difundir algo de nuestra literatura en el interior y exterior del país. Según el señor von Vacano, la lista no incluye escritores de “izquierda” (cosa que no puedo afirmar ni negar), por lo que se estaría incurriendo en una injusticia contra los escritores de esa tendencia ideológica y, más aún, se estaría negando a los lectores jóvenes la oportunidad de elegir entre textos derechistas o izquierdistas.

Luego de haber analizado los argumentos del señor von Vacano, he terminado por convencerme de que, en efecto, en la selección de dichas novelas se han cometido omisiones que atentan contra la historia literaria de Bolivia. En ese sentido, me tomo la libertad de hacerle algunas sugerencias, a nombre propio y de terceros, para que, previa orden suya, el Ministerio de Culturas se encargue de remediar el desacierto antes de que las obras sean publicadas.

En primer lugar, considero que el hecho de que no haya izquierdistas entre los autores de las obras elegidas es menos comprobable que el de que no figuran estronguistas, lo cual, desde mi punto de vista, es una injusticia imperdonable, ya que, si hacemos memoria, muchos valientes hinchas de este equipo centenario ofrendaron sus vidas durante la contienda del Chaco, llegando a inmortalizar el nombre de la institución en un episodio heroico que la historia ha registrado como Cañada Strongest.

Lógicamente, se debe exigir que los autores (o sus familiares) presenten una declaración jurada asegurando ser (o haber sido en vida) hinchas fieles del Tigre, pues muchos seguidores del equipo rival podrían hacerse pasar por estronguistas con el solo fin de figurar entre los autores consagrados. Recordemos que el año pasado, con motivo de celebrar el Centenario de The Strongest, se editó un libro de cuentos con el aporte de 34 autores, entre los cuales aparece Paul Tellería, reconocido bolivarista que, quién sabe cómo, se dio modos para ser incluido en el homenaje literario a la institución aurinegra.

Es probable que muchos libros de autores estronguistas (si no todos) sean de dudosa calidad estética; sin embargo, tal como indica el señor von Vacano, no importa que los libros sean “lindos”, sino que eduquen a los bolivianos sobre su tragedia social. Y, ¿qué mayor tragedia que nuestro fútbol?

No le pido nada para mí, pues he escrito muy poco (y entre lo poco, ninguna novela), pero sí apelo a usted para remediar el olvido al que se está condenando a los estronguistas cuyas plumas han contribuido a llenar páginas y páginas (no importa cómo) de la narrativa boliviana republicana.

Sin otro particular, me despido de usted cordialmente.

Willy Camacho S.

Redacté la anterior misiva con una remota esperanza de que nuestro Presidente la lea, y ninguna de que lo haga don Arturo, pues él no leería las sandeces publicadas en este espacio virtual; supongo esto, por la serie de artículos que el señor von Vacano ha publicado para ningunear a los blogs y los blogueros (Contra los blogs I, II, III y IV).

A quienes sí leen estas sandeces, les pregunto: ¿Qué opinan sobre la selección de las diez novelas fundamentales?