Infidelidad, morir de morder el pecado.- Urbandina
Escrito por perrorabioso
- 9/06/2011 - 5 opiniones
Ramón Rocha Monroy dijo en ocasión de una entrevista, que ciertos amigos le piden ayuda para corregir textos que les gustaría mucho publicar algún día, textos que al igual que su publicación, la mayor parte de las veces no ven la luz, jamás.
Para no repetir la maldición de que lo que se quiere hacer no se haga, es que hemos decidido invitar a gente interesada en realizar reseñas de libros o ensayos literarios, a fin de que, los y las jóvenes que practiquen la actividad literaria más allá de las necesidades catárticas e introspectivas que son tan características de cierta etapa de nuestra vida, puedan encaminarse a trabajar la palabra con la pasión y la creatividad que amerita el caso, arriesgando su “yo creador (a)” en el camino al exponerse a las críticas, sabiendo que eso también hace parte de su oficio. Como decía Julio Ramón Ribeyro en “La tentación del fracaso”:
…escribir es una inmolación consciente y razonada que el escritor —el verdadero— hace de su tiempo, de su salud, de sus intereses materiales, de su vida, en suma, para crear un orden de palabras que lo satisfaga… hasta qué punto la labor creativa implica la autodestrucción del creador.
Por esto, nuestra invitada en esta ocasión, Adriana Magariños que se define “… barragana indiscutible de cuentos y aventuras fantásticas, que está en su auge cuando siente el olor a libros antiguos.” demuestra, con la ironía de la buena observadora, que en el limbo de las relaciones y el amor, no hay recetas salvadoras, sólo historias que contar y maldiciones que gritar o ahogar. Conclusiones de un proceso de reflexión que tal vez sólo se pueden hacer a cierta edad, antes de que cualquier desgracia nos parezca tan cotidiana y normal, o mejor dicho, antes de que la convicción de conseguir al menos una respuesta ante las miles de interrogantes que nos atormentan a diario, desaparezcan eternamente por la costumbre del tropiezo.

Infidelidad, morir de morder el pecado.
…el amor, que por su propia vehemencia vive más allá de posesiones tan irrelevantes como el bienestar y la cordura, solo puede perderse con la vida. No he muerto, luego amo…
Xavier Velasco
Más allá de mi consciente limitación a la hora de escribir, como se dice, “legalmente”, con puntos en las íes y sangría de 5 espacios, he pensado en, más bien, dar un testimonio, tal vez una vivencia o, quien sabe, una interpretación acerca del mal platicado tabú de la infidelidad.
Siendo como soy y dejando de lado mis anteriores ideas de escribir sobre cosas lindas, y harta de leer cosas sobre cachorritos, elección de colores o test onda vanidades, es que el tema del empapamiento de realidad me llega de sopetón reclamando su lugar…
Ésta es la cruda verdad, sin tapones ni vendas, a calzón quitado. Es lo que es. Los ofendidos (que somos varios, seguramente) ya estarán pensado alguna respuesta brillante, coherente y acertada, pero infidelidad es infidelidad… so pena.
“La sexualidad, cataclismo iniciático de la aventura humana, con significados escindidos para hombres y mujeres, que ancló en la figura de Eva, la causa de la “perdición” del hombre hasta nuestros días, confirmado en los marcos de la Literatura, la Historia, la Mitología, la Religión, la Ciencia y de manera coercitiva incluso, por el Derecho. (Péres H., Hernández Y., 2007)
¡Pero claro! Todo comenzó desde mucho antes de lo esperado, y más esperado aún, toda la culpa es de Eva, la perdición del hombre.
Según Eisenberg Glantz, la infidelidad ocurre por diferentes factores, como “la privación sexual, la búsqueda de aventura, curiosidad o insatisfacción sexual, aburrimiento, falta de novedad, pasión e intimidad.” Al leer esto por primera vez creí haber entendido el aburrimiento fatal. ¿Lapsus? Probablemente.
¿Pasión? ¿Aburrimiento? ¿Falta de novedad? Mirá, si nos aburriéramos de todas las personas a las que conocemos y con las cuales tenemos ya años de relación, entonces nuestras relaciones dentro de la sociedad serían algo así como “úselo y tírelo”. Y pasión ¿por qué? ¿Pasión por la pasión? Pasión por uno o varios individuos, pasión por la cosquillita esa que se siente cuando estás haciendo algo idiota “malo”, pasión…
“El amor y el deseo se parecen, gritaba el condenado”, dice un verso del poeta Miguel Oscar Menass. Y evidentemente, del deseo puede nacer el amor, y del amor el deseo, pero cuando el deseo termina, el amor se queda sin su buena pata de palo que hacia andar al pirata, cojo y avergonzado: pone punto final a la historia.
La mayoría de las personas, creo yo, y según lo que he podido vivir, van más por la idea de aventura; se crean una doble vida, como si de alguna manera fueras menos mortal; así, eres una persona, por un lado; por el otro, eres alguien completamente diferente. No necesariamente cambias de forma conscientemente; todos actuamos de manera diferente de acuerdo con las personas con las que nos juntamos: no eres igual con tu chico que con tu papá (espero). No es que se mienta, nada más cambias la actitud.
Pienso que es posible que de alguna manera nos guste la forma de cómo actuamos cuando estamos con “un alguien” más que con “otro alguien”. ¿Me explico? ¿Estás agarrándote la cabeza y pensando “esta chica tiene problemas”?
Esta idea de saberte diferente con otra persona, es el principal factor para “sucumbir” ante la tentación; como todos sabemos… la carne es débil, ¿no? Lo cual nos hace volver de nuevo a la pobre Eva, llevándose las flores de la infidelidad desde el comienzo de la era. Desde ahí que los hombres salen airosos de la situación. (hombre= p*ndejo, mujer = put*)
En todas las situaciones los hombres de alguna u otra forma parecen salir al paso, sea como sea, mientras que las mujeres nos estancamos en la misma miseria que viene desde Platón, que decía básicamente lo mismo que Freud, pero en otras palabras: “la mujer es un ser incompleto”, relegadas, imposibilitadas, criticadas y por supuesto no a la par de los hombres.
La infidelidad se ha convertido en algo tan de moda que hasta se puede encontrar test para saber si te están siendo infiel: “Cuando la infidelidad es real, tarde o temprano se descubre. Ayúdate de este test para confirmar si tu pareja te está engañando”. ¿No es más fácil deducirlo porque ya no pasas tanto tiempo con tu pareja como antes? o ¿por mensaje extraños en el celular? o ¿el típico beso de labial dejado en la camisa blanca?
Según Ana Von Rebeur, una periodista, escritora, humorista e ilustradora gráfica argentina, para que se origine una infidelidad es necesario que se cumpla la “Regla de las tres C’s”: Curiosidad, Calentura y Confidencialidad. Es decir, una persona solo es infiel cuando sabe que tiene una potencial idea de con quién puede llegar a serlo, si se da la oportunidad; si llega esa persona que, al igual que tú, está buscando algo de aventura y, si en ese exacto momento estas pasando por un momento de “estancamiento” con tu actual pareja, es muy posible que veas la idea como muy antojada.
Si tuvieras la oportunidad de ser infiel a tu pareja, y además tienes la garantía que JAMAS nadie nunca se enterará del jueguito, dime tú, ¿la aceptarías? Si realmente nunca nadie se podría enterar de la infidelidad, el 99,9 % de nosotros ya lo habríamos hecho, varias veces. La mayoría no lo hacen porque saben que pueden ser descubiertos y que con esto pueden lastimar a otra persona, a la que amas o por la que por lo menos te preocupas.
Además, dice, Von Rebeur, los infieles generalmente necesitan novedad en sus vidas, por eso mismo, la única diferencia palpable entre ambas es que una es predecible y la otra no, porque no es conocida.
Algo que me ha hecho sonreír y hasta casi reír es que, según esta escritora, una persona que está siendo infiel tiene algunos comportamientos extraños, como que elige su ropa cuidadosamente: se arregla más, se perfuma, incluso toma más duchas que nunca; jamás tiene hambre (obvio), y habla de cosas que antes ni le habías escuchado mencionar. También, según yo, cambia de modismos, adopta nuevos ademanes o palabras comodín, también cambia de gustos, como comida, o incluso música, y lo obvio claro, pasa menos tiempo contigo, se ofende si le insinúas que miente y además no quiere tener sexo. ¡Já! LOL.
Los hombres son tan poco cuidadosos que dejan huellas de su infidelidad a cada metro por el que caminan. Eso de los besos en la camisa o el cabello de un color rojo intenso en la ropa interior no es nada en comparación de la mirada a un lado y el titubeo cuando se le pregunta por qué llegó tarde a cenar, o el sonidito de mensaje del celular cada 5 minutos por las noches. Enfrentémoslo: los hombres definitivamente no saben mentir, sabrá Dios si lo hacen inconscientemente adrede.
Las mujeres, por otro lado, la piensan mejor; dan pasos cuidadosos, y según Von Rebeur, incluso son más gruñonas que nunca para que no se note que están siendo felizmente infieles. Algo bastante acertado que leí en este mini artículo es que las mujeres buscan a alguien que las mime y las abrace; en resumidas cuentas: alguien que las quiera. Mientras que para los hombres, la infidelidad es uno más de sus juegos.
Al parecer no hay mucha salida que digamos luego de haber sido infiel, pues pedir perdón llegaría a ser una sucia manipulación post-traición. ¿Perdonar es olvidar? Definitivamente NO es este caso. Luego de que alguien nos ha sido infiel, e incluso con nuestra siguiente pareja, la paranoia nos gana, nuestra mente se desvive inventando cosas, desconfiando sin razón, o tal vez con razón.
Darle o no darle importancia, es la cuestión y medio difícil no hacerlo; inevitablemente, la infidelidad toca un punto débil en nuestro orgullo, pero de esto depende si continua o no nuestra relación. La amas demasiado y por eso la perdonas, pero tal vez otra persona ama demasiado a la otra y por eso mismo no puede perdonarla. ¿Por qué seremos tan complicados?
¿La infidelidad es una burla a la confianza del otro? Bueno, en palabras textuales puede ser que sí, pero sinceramente no creo que tenga que ver mucho con lastimar al otro y burlar su confianza. Habiendo estado en los dos lados de la cancha me toca decir que un infiel, y siendo muy pero muy egoísta, rara vez piensa puntualmente en engañar a la otra persona para lastimarla. Por otro lado, confianza es confianza y la infidelidad duele y por tanto puede considerarse traición a lo más delicado que uno tiene con otra persona, los sentimientos.
Aún así, la pareja perfecta en el mundo, incluso en toda la galaxia, no existe señores. La idea onda Disney de “felices para siempre” es una publicidad mal estructurada y muy bien pagada para mi gusto. Tampoco hay que desmadrarse llorando y mandando a Dios a la punta del cerro por haberte hecho esto, los problemas dentro de una pareja son normales, incluso después de una infidelidad. Ahora, depende de nosotros ahogarnos o no en nuestro pequeño vaso de agua.
Tal vez por todo lo dicho, la mayoría de las personas, hombres y mujeres, la justifican a morir, tal vez porque realmente están enamorados, o porque simplemente dar la razón a la verdad ya es de por sí demasiado doloroso.
Muchas de las personas que son “victimas” de la infidelidad saben, y saben muy bien y bastante conscientemente, que la otra persona es madera 100% infiel, van y se meten de sopetón sin importarles tal o cual, pensando tal vez que algún día cambiará o peor aún, que ellas (la mayoría de las veces son mujeres con impulsos típicos en nosotras, lejos de ser mujer, ahora es madre, lo cual lo hace poco menos deseable que Susan Boyle) en algún punto podrán cambiarlos con su “amor”. Una zanahoria, decía una docente mía, siempre va a ser una zanahoria, no trates de volverla berenjena, eso solo pasa en las películas.
A veces, nos enamoramos de la proyección de la otra persona, de la idea, el sueño de lo que puede llegar a ser, nos enamoramos de un ideal, y esa presión que siente la otra persona, de que es amado por algo que no es y que probablemente nunca será puede que lo haga huir de una u otra forma y que así vaya en busca de alguien que la ame siendo como es, va en busca de poder ser nada más él o ella mismo.
Nadie cambia por nadie, uno cambia por uno mismo, para bien o para mal. Ya uno dirá que si es “infiel una vez es infiel mil veces”, pero esto no es para nada una regla. Tranquilamente, alguien puede haber sido infiel una vez en su vida y nunca más serlo de nuevo, o redundar en lo mismo por el resto de sus días, depende de cada quien y de la situación por la que se esté pasando.
¿Quién no ha estado en la posición de “cuernudo” alguna vez en su vida? E inevitablemente sale la pregunta X: ¿qué hago?, y poco a poco dentro de uno se van cocinando un sinfín de emociones entrelazadas unas con otras. Primero es un dolor inexplicable, punzante, nauseabundo; luego, viene la rabia, lo quieres matar, maldices el puto momento en que lo conociste, le deseas la peor de las muertes, lo aniquilas, botas las cosas que te regaló, cantas la canción de paquita la de barrio “rata de tres patas, te estoy hablando a ti” y si ubicas a Alanis Morrisette, paras voz en cuello para cantar You Oughta Know Luego comienzas a preguntarte qué es lo que está mal en ti como para que el otro te haya sido infiel, cranéas la vida, te echas la culpa, latigueas tu espalda, algo… algo estás haciendo mal.
Pasa exactamente lo mismo cuando el infiel se pregunta por qué necesita de otra pareja para sentirse pleno; acaso será porque no es reconocido y, por ende, tal vez se malentienda el verbo amar con este otro algo que tal vez se traduzca a ser invisible. Se me ocurre a alguien viendo la televisión y a otro alguien al frente de él tratando de que el otro lo vea a él y no a la televisión; todo un circo ocurriendo ante sus ojos, y su parpadeo no muestra signos de que algo esté ahí, con una performance que tiene su nombre en letras color oro.
Sumergidos en un mar de preguntas, ideando para poder dejar en relativa paz a nuestra angustiosa mente, reclamando peros y por qués, volviendo nuevamente a la misma conclusión, nada. No hay estadísticas que muestren la subjetividad de cada persona, la receta para la infidelidad no existe.
Adriana E. Magariños


Al lado de mi oficina, hay un galpón, este galpón está lleno de perros -14 o 15 según pude contar- que cuidan un almacén de textiles. Cuando pasa una ambulancia o el camión de gas y el ruido de las sirenas y bocinazos enloquecen a los perros que empiezan a aullar y ladrar desesperadamente, la secretaria de mi oficina se irrita y angustia terriblemente porque ama a los perros y piensa que los están golpeando.
