Leer: Dicese de cierto movimiento ocular- ensayo

Escrito por disfonia disfonia - 4/07/2011 - Nadie opinó aún

fotodani

 

Víctor Hugo Quintanilla en su artículo “La piratería de libros y la ausencia de lectura: en contra del mercado, en defensa de la vida”, publicado en El Hablador No. 11 (www.elhablador.com) sostiene que lo que la sociedad – seguramente boliviana- lee es “lo que puede ser constitutivo para su cotidiano devenir” y no “lo que la academia o las editoriales quisieran que se lea”, por lo que, según él, “lo que no se lee son ciertos libros que no son del interés de ciertos estratos de la sociedad. Y esta afirmación supera ideas excesivamente ingenuas como la creencia de que no se lee por ser parte de una familia analfabeta o porque no se tiene recursos económicos para comprar libros”.

Según el autor, no solo los intelectuales y personas relacionadas con la cultura ofertan libros y señalan qué leer, sino también los comerciantes que eligen qué libros piratear, siendo estos, por lo general, libros light y de autoayuda. Esta oferta sería, al parecer, ampliamente consumida por un público ávido de contenidos que no responden a lo que Pierre Bourdieu, citado por el autor, llamaría “nobleza cultural” dado que, según Quintanilla afirma, somos países del tercer mundo con una fuerte influencia indígena, lo que -se deduce de la lectura- impide poder acceder a dicha nobleza cultural. En suma, según Quintanilla, en “estos países” se lee mucho ya que “no hay que infravalorar la decisión de las personas que entre leer una ‘buena’ obra literaria, optan por leer el horóscopo, por leer las letras de las canciones del momento o simplemente leer libros que ayudan, por ejemplo, a despertar la sexualidad”; en ese sentido,  “ver como ‘menos’ el interés por el contenido de los libros pirata o light solo remarca una severa ausencia de eticidad para con los otros que son distintos a la racionalidad moderna de la educación humanística”.

 Cuando leí estas afirmaciones, lo primero que vino a mi mente es qué es lo que su autor entiende por “leer” o por la expresión “en tal país se lee” o no se lee, ya que bajo las nociones que se manejan en el artículo cualquier cosa que implique recibir información a través de los ojos, entiéndase libros de autoayuda, el horóscopo, letras de canciones, un cartel o una señal de tránsito (acordemos que éstas también se “leen”) puede ser entendida como lectura. Bajo tal situación, en estos países sin duda se lee, y creo que podemos sentirnos satisfechos quienes estamos vinculados de alguna forma a la educación, literaria específicamente. De hecho, leemos como pocos el futuro en coca.

 Sin embargo, si por leer se entiende: “entender o interpretar un texto de determinado modo”, como señala la RAE, y creo que es la más básica definición de donde podemos partir,  la situación es desalentadora, puesto que, evidentemente, no se trata de esperar que la población lea literatura especializada en un tema, digamos ficción -Quintanilla se refiere muchas veces a literatura light-, sino lea cierta literatura que implique un ejercicio de criterio y trascienda la mera información. Ya que este acto en Bolivia es comprobadamente pobre, y lo sabemos, insisto, quienes tenemos al menos algo de contacto con el sistema educativo, entonces, es de echar en falta mucho más el acto hecho hábito; es decir, la acción de leer de forma crítica, continua y sistematizada.

 Quintanilla afirma que como hay demanda de títulos que, dicho sea de paso, son, según el autor, “elegidos por los mismos comerciantes” (cosa que hasta donde mi sospecha hecha investigación ha llegado, no es cierta, puesto que lo que se piratea son libros ya “canonizados” por los lectores en mercados de donde viene la piratería (en nuestro contexto, Perú)) puede afirmarse que en Bolivia se lee. Entonces, nuevamente  me pregunto: ¿podrá inferirse que porque alguien compró un libro o dos o diez a lo largo de los últimos años este alguien “lee”? De ser así, mi última adquisición de octubre a la fecha (Por qué los hombres aman a las cabronas”) afortunadamente me pone del lado lector. Suspiro aliviada.

Pero hay más. El  autor sostiene que respetar esta preferencia en la población es un acto ético, y en eso coincido plenamente; el punto es que  no está en cuestión si hay o no que respectar esa preferencia, sino si esa preferencia (lectura de “literatura light”, horóscopos, letras de canciones o carteles) que, dicho sea de paso, no sabemos si implica un ejercicio habitual en la población, puede ser considerada “lectura” en el sentido que ahora nos ocupa.

Por último, recordemos que Quintanilla afirma que es ingenuo creer que “no se lee por ser parte de una familia analfabeta o porque no se tiene recursos económicos para comprar libros”, sino que sí se lee según el interés del estrato social y este acto o su aceptación implica una defensa de la vida (lo que se interpreta desde el título de su artículo). Retomo esta afirmación porque de ella se desprenden al menos dos hechos: primero, su validez depende de que estemos de acuerdo en aceptar que el nivel económico de ese estrato social es estupendo y la inmensa mayoría de la población no solo está alfabetizada, sino goza de niveles comunicativos y de comprensión que le permiten acceder a un rango importante de libros; de esta forma  podría pensarse  que no se leen ciertos libros (coincidentemente los que deberían leerse, no por ser occidentales o colonialistas o modernos o como se los quieran llamar, sino por lo que son capaces de producir en los lectores, en tanto seres universales, por decir lo más básico), porque no son del interés de la inmensa mayoría, que podría comprarlos si no los encontrara, digamos, poco útiles o fuera de contexto. Atribuir la falta de lectura a una falta de interés es, creo, también ingenuo. . Al menos en Bolivia, no se lee porque comprar libros resulta caro, a menos que sean piratas, pero incluso estos resultan costosos para cualquier lector que quiera leer una cantidad significativa, esa que nos llevaría a decir , “este sujeto lee”. Por otro lado: no hablemos de Foucault, sino de Adolfo Cárdenas; ¿Quiénes lo leen? ¿Será que los que no lo hacen  ignoran sus cuentos y novela por falta de interés? ¿No será por desconocimiento? Preguntémonos, ¿por qué se ignora cierta literatura, incluso pirateada? Porque no hay nadie que la presente al consumidor; sea la crítica que no hace bien su tarea, como dice Quintanilla, sean los centros de enseñanza que por desconocimiento o dejadez no presentan a los estudiantes nuevas posibilidades, y no de vez en cuando, sino constantemente.

Segundo, creo que es exagerado pretender defender la vida a través de la defensa de la piratería, no porque esté en contra de ésta, todo lo contrario; sino porque cualquier defensa debería pasar más bien por una apertura de horizontes antes que por una celebración de lo vital que parece resultar para Quintanilla  leer  lo que sea con tal de leerlo. Pero, en realidad, me parece que el autor, cuando habla de la defensa de la vida y su ética, apunta a la importancia que tiene un plato de comida frente a un libro en un contexto como el nuestro, de donde deduzco que: o al contradecirse demuestra que el factor económico y, por tanto, las prioridades, siguen siendo clave para la carencia de una lectura habitual que nos libere de lo que podríamos considerar limitaciones contextuales o históricas, o se le olvidó nombrar en su texto revistas y folletos sobre recetas de cocina como fuente de lectura fuertemente consumida.

En suma, concuerdo con que leer no significa solamente comprar, interpretar y dar un sentido a la literatura occidentalmente canonizada, (lo que daría pie a otro ensayo para tratar de definir qué es “literatura occidentalmente canonizada”; según qué academia, según qué editoriales, etc.), si vamos a hablar de literatura en sentido estricto, pero no creo que pueda afirmarse que ciertos estratos de la sociedad, en Bolivia mayoritarios, “leen” porque de vez en cuando adquieren un libro pirata de autoayuda o mitigan sus angustias consultando a los astros, o repasando con los ojos la etiqueta de una cerveza.

El Tren de la tristeza- Hibrido

Escrito por disfonia disfonia - 26/05/2011 - Nadie opinó aún

A continuación comparto otra forma de ver la vida. La cuestión no es ser locomotora, vagón camarote o coche comedor, sino la forma en que nos vamos enganchando y desenganchando unos de otros.

 

Fernando Yipper[1] publica por primera vez en el blog.

 

 

  Permanecer en un mismo recorrido es una condena, es una celda de miles de kilómetros, pero una cárcel al fin. De una u otra manera, el sistema ferroviario es eso, esquizoides yendo y viniendo de pared a pared de una habitación, tratando de alcanzar lo que vendrá y escapando de lo que ya fue, y no estamos locos por eso: sino por el hecho de considerar que éste es el ejercicio de nuestra libertad; saber usar el libre albedrío para decidir seguir encerrados.

 Vamos uno atrás de otro. Vos, desconocida locomotora a vapor del pasado, que no se llega a ver detrás del humo -a veces por la oscuridad del túnel; otras, quizás porque seas un fantasma de lo que nunca fue-, posiblemente ni sepas cómo mirar atrás, porque todas tus luces están para adelante, y así tiene que ser, porque ese es el designio de las locomotoras.

 Al toque ella, vagón camarote, donde varios pueden quedarse a dormir, pero nadie puede permanecer para siempre, porque su alma está puesta en la obcecada firmeza de no soltarse de la locomotora; para ella, desprenderse seria quedarse en medio de la vía, sin posibilidad de avanzar ni retroceder, no puede dejar de estar aferrada, como si el pertenecer a ese convoy en movimiento, donde no puede ver para adelante, fuera tener vida, ya que es lo único que le sale elegir.

 Pegado a ella voy yo, un vagón de carga cerrado, donde los paquetes van acumulándose en el trayecto y a fuerza de malabares los trato de llevar ordenados, no porque sea mi felicidad, sino porque ocuparme de mi carga y de los polizones que a veces albergo, me entretiene de saberme envuelto en esta formación de la que lo mejor quizás seria descarrillar y quedar tendido en la llanura, al costado de la vía, ruedas para arriba, mirando el cielo en la noche, sin escuchar los chirridos de ella (tratando de seguir en fila) o los míos, de porfiar  no perder de vista su parte de atrás, por el deseo de algún día poder verla de frente, sin más que nosotros dos, sin formar parte del tren de la tristeza.

 Atrás mío hay de todo: furgones de cola, tanques, playos, comedores, que se van acoplando o desacoplando más de una vez, sin darse cuenta en qué se engancharon, ni por qué los desenganchan soltando el acople, porque sabemos que viajar así, no lleva a ningún destino razonable.

 Casi todas las apuestas reconocen ganadora a la posibilidad de terminar en una vía muerta, una en la que, si no cruzamos algún desvío antes, terminemos todos como grotescos hierros retorcidos, humeantes, estrellados contra un talud de melancolía que no sabremos superar parando antes, por culpa de nuestra tonta naturaleza de vagón, que no puede mirar adelante ni cuestiona la puta vía a la que está subido.

 


[1] El autor se presenta así: NACI UN DÍA QUE DIOS ESTABA ENFERMO, COMO DIJO VALLEJO. LLEVO VARIAS VIDAS, META VIVIR NOMÁS, Y ME QUEDAN OTRAS TANTAS POR RECORRER. EN ESTA PRESENTE ESCRIBÍ UN HIJO, PLANTé UN LIBRO Y TUVE UN ÁRBOL, AHORA VOY POR EL RESTO… mi biografía ya se empezó a escribir,  bajo el nombre de prontuario.

Vivir bien en el Estado Plurinacional- Urbandina

Escrito por disfonia disfonia - 20/04/2011 - Una opinión

vivir bien

Qué es realmente “vivir bien”, me pregunto. ¿Tener satisfecho lo imprescindible? ¿Tener en estima lo que se tiene? ¿Sentirse satisfecho pese a lo que no se tiene?… Supongo que la respuesta podría hacerse más compleja, y casi existencial o filosófica, pero también podría hacerse mucho más concreta, al menos como marco de referencia. Nuestro actual Gobierno, por ejemplo, ha dejado de lado el concepto de “desarrollo sostenible”, que busca “satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones futuras de atender sus propias necesidades”[1], por el de “vivir bien” que es definido en su Plan Nacional de Desarrollo como “el acceso y disfrute de los bienes materiales y de la realización efectiva, subjetiva, intelectual y espiritual -(de los habitantes, sospecho)-, en armonía con la naturaleza y en comunidad con los seres humanos”, concepto que me pareció mucho más humano, próximo y agradable desde sus inicios; sin embargo, poco real hoy en día.

Sin entrar en valoraciones que escondan a una supuesta población mayoritaria beneficiada con bonos, principalmente; el futuro a largo plazo; el cambio que recogerá frutos con los años, y demás abstracciones, me pregunto en qué medida estamos viviendo mejor todos; mejor dicho, puesto que “todos” es otra abstracción y las abstracciones son tierra de nadie, diré: mis amigos, mis compañeros de trabajo, mi familia y yo, que también necesitamos desarrollarnos y de un plan que nos lo permita. ¿”Vivir bien” ha vuelto a quedar como el nombre de una estrategia inconclusa? ¿De una política aplicable y no aplicada? ¿De un mero deseo? o ¿de una ejecución solo parcial?

Defendí convencida el resarcimiento de tantos años de injusticia a determinados pueblos. Me parece y pareció que deben ser los primeros favorecidos, sin creer que eso implica que el derecho a vivir bien que tienen los otros se vería suspendido. No puedo vivir bien si no puedo llegar a mi trabajo con tranquilidad y seguridad; si me retraso y no me pagan hasta que presente el producto que no puedo concluir, si estoy obligada a hacer un aporte voluntario que se lleva el 15% de mi salario, aduciendo que es para mi vejez a la cual, solo Dios sabe, si llegaré (viva); si me angustia pensar en el futuro, si me siento insegura y si pienso que es mejor no invertir, si busco la primera oportunidad consistente para irme del país. En suma… ¿Cuál es la posibilidad real que tengo de vivir bien ahora y de vivir bien mañana? ¿Qué esperanzas me vende este actual estado de cosas que no me las vendiera el anterior?

Parece que el vivir bien es una cosa demasiado personal, demasiado de uno, demasiado esfuerzo propio para creer que un Estado Plurinacional me las pueda facilitar. Parece, por lo tanto, que, como es costumbre, el boliviano tiene nomás que jugárselas como buenamente pueda -en solitario- la construcción de su presente y futuro con o sin Evo, porque, finalmente, vivir bien es una cosa de todos los días, y esa felicidad tampoco nos la podrá dar este Gobierno.


[1] Concepto usado por primera vez en el Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Comisión Brundtland): Nuestro Futuro Común

Cuando se cae el antifaz- Hibrido

Escrito por disfonia disfonia - 23/03/2011 - Una opinión

fiesta 1

Otra vez carnaval 

Tango 1941

Música: Carlos Di Sarli

Letra: Francisco García Jiménez

 

En los ojos llevaba la noche
y el amor en la boca…
Carnaval en su coche
la paseaba triunfal.
Serpentina de mágico vuelo
fue su amor de una noche;
serpentina que luego arrastró mi dolor
enredada en las ruedas de un coche
cuando el corso en la sombra quedó…Otra vez, Carnaval,
en tu noche me cita
la misma bonita
y audaz mascarita…
Otra vez, Carnaval,
otra vez, como ayer,
sus locos amores
le vuelvo a creer.
Y acaso la llore
mañana otra vez…

Fugitivas se irán en la aurora
la ventura y la risa…
¡Tendrán todas mis horas
una gris soledad!
En mis labios habrá la ceniza
de su nuevo desaire;
y despojos del sueño tan sólo serán,
un perfume rondando en el aire
y en el suelo un pequeño antifaz…

Descubro este tango, Otra vez Carnaval, pensando en la nostalgia del carnaval ya ido y el círculo infinito de la “ilusión de una noche” que interrumpe “una gris soledad”.

La fiesta llena de emoción a quien la espera para celebrarla, y celebrar la fiesta es en el fondo celebrar el poder estar ahí, ser parte del jolgorio. El Carnaval, como fiesta entre las fiestas, no solo invita al uso de máscaras, sino parece ser una máscara en sí. Dice el tanguero que el carnaval le lleva “a creer en sus locos amores”,  aun sabiendo del desengaño con que ya se ha encontrado, y que  “acaso la llore mañana otra vez”.

¿Por qué entonces se busca la fiesta? Qué es lo que en verdad necesitamos más: ¿creer en sus placeres? o ¿saber que son mentira? ¿Qué se festeja, por último, cuando se festeja?

Dice Octavio Paz que la pobreza de un pueblo se mide por el número de fiestas que celebra, pero ojo: la ecuación es inversa.  A más pobreza, según él, más fiesta se encuentra. ¿Simple evasión de la cruda realidad? No creo.

No creo, en suma, que se trate de inventar conscientemente una realidad temporal que nos libere de la muerte, ni de convencerse ingenuamente que había habido motivos de felicidad y hay que celebrarlos. Me parece más bien que la fiesta abre un sentido de propósito y placer mientras se camina a ella, vital para sentir que nuestras existencias son algo más de lo que solemos ver, aunque nos engañemos al pensar que en su derroche se puede trascender, ser algo más, no sé: reparar… No obstante, sin este llamado engaño qué sentido tendría el celebrar.

Sospecho entonces que es tan importante saber que la fiesta no es más que una ilusión en el transcurrir de la vida, como creer en “sus locos amores, la ventura y la risa”.

La soledad de los números primos- reseña

Escrito por disfonia disfonia - 17/02/2011 - Una opinión

Tuve el placer de leer esta novela durante aquel especial tiempo que viví en Madriz (a la mejor pronunciación española). Me llamó la atención que su autor sea un joven físico italiano, aunque para ser sincera, no recuerdo si primero me llamó la atención el título de la novela, que no deja de sonarme especialmente lindo. Lo interesante del caso es que no se trata de una novela sobre los números primos (expliquemos matemáticas con historias), sino un trabajo conmovedor sobre dos seres humanos que, desde la lógica de la novela, son inevitablemente dos, gemelos, pero alejadísimos, números primos.

He encontrado, en el afán de intercambiar impresiones sobre la novela aunque sea con un ser virtual, una no menos interesante lectura sobre ésta, desde una mirada psiquiátrica. Así que los remito a “Neurociencia Neurocultura”, el blog de Paco Traver –escritor, músico y psiquiatra español–, para explorar una mirada bastante más ampliada de la obra de Paolo Giordano:

http://pacotraver.wordpress.com/2009/10/06/la-soledad-de-los-numeros-primos/