
Soy cruceño, un amigo gaucho me bautizó como Croto, que en lunfardo significa algo así como mendigo pero con más estilo. Llegué a esta ciudad hace años y soy un camba colla bien puesto y como todos los años voy a reencontrarme el 24 en Alasitas.
La vida en la calle sigue, la lluvia como cada enero me humedece los callos y el barro seca mis uñas. Jode, hermano jode, ¿que querés que te diga? es la vida, así es esto de girar y girar la ruleta de calles, de laderas y plazas. Desde que vivo en La Paz, me pasa lo mismo cada 24 de enero, es como sí de pronto te golpeará la lluvia y algo de ganas de continuar volviera.
Llego a las “Alasitas”. A las 12 se abre el portal dicen, ese que comunica la realidad terrena, olor a meo de perro, con la fortuna de los andes. Luego, cuando sea de noche, volverá a empezar este gran circo, donde amuletos y fetiches harán realidad cualquier tipo de deseo, si lo crees, si le pones huevos al asunto.
Así es pariente cada veinticuatro de enero te acordás que tiene sentido lo criollo, lo mestizo, la tradición que escondés en el armario, pero sacás a relucir con desespero este día. Que payaso este ritual, los presos producen en serie chanchos de alcancía y camioncitos todo el año, empeñando los papeles de su celda, su negro futuro, para recuperar la plata que llene la panza luego de febrero y con suerte comprar un catre más decente y 20 gramos de base.
Los de pinta fina, se matan por comprar euros, autos, pasajes para emigrar de este “país de indios”, como dicen. Gallos y gallinas para su harem. Todo a las doce, familias enteras venderán en las Alasitas el mismo producto, ejemplo de consumismo criollo y de poca creatividad, dirán algunos. Fuerza viva de la tradición que nos alimenta, dirán otros.
En la noche del primer día todo gira socio, en vueltas y vueltas, en calesitas tímidas, en puestos de churros sangrando aceite guardado. La vida, mil deseos, mil faltas, todos juntos acá en estas calles. En estas Alasitas camino como tantas noches paceñas, con la rabia en los zapatos huecos, como debe ser. Buscando tabaco con historia, no el limpio cigarro de paquete importado, aquel pisado, besado por más de una boca. Enciendo un pucho, de esos viejos a la mitad, olvidado o arrojado por alguna mina antes de subir al taxi que se yo y camino hacia el mercado místico de miniaturas.
La Paz regala esta noche de Alasitas sus historias a cada centímetro, sólo basta con salir a buscarlas en los basureros, con subirse a un micro y espiar las manos bailando en las entrepiernas a las diez de la noche. Con escuchar los insultos olor a “perro burguer”, en las discusiones de pareja con llantos de cebolla en la Pérez.
Si ponés atención escucharás el ritmo de la mierda coqueteando las piedras en el Choqueyapu, jugando con el agua pura que va perdiendo la virginidad en una orgía de cajas, latas y pañales. Esa que luego acabará regando una lechuga en Río Abajo. La misma que te alimentará mientras comes una Burguer King o una hamburguesa de a luca en la esquina.
Es así viejo, esta ciudad en las “Alasas” o en cualquier día, tiene un aire tan duro, tan caótico como el orden de sus calles, así tiene que ser. Te lo digo yo que me acuerdo cómo era cuando estaba al otro lado, cuando vivía el orden de libros y de horarios, con el terno bien planchado y el auto lleno de gasolina. Vivía el ruido, el estrés, los balances, las reuniones importantes, para temas importantes. Ingeniero de Yacimientos, rajándose doce horas diarias.
Hoy tu me mirás de reojo en esta esquina desde la ventana de tu auto y gritás que no joda cuando te digo -Soy un titiritero, camba de las laderas, ¿te lo hago un poemita para tu mina?, ¡te enseño unos pasos de tango?, sí querés también te lo canto un taquirari. Por cinco lucas te adivino lo que sentís debajo la corbata y del calzoncillo-.
Te veo y me acuerdo de la bronca que antes yo tenía de los sucios de la calle, luego me cago de risa al ver cómo te cabrea que te diga, regálame para un trago. Se nota, todavía vivís esa tu tensión de oficina, eso de -tengo que sacarle el jugo a la minita antes de llegar a casa a aguantar a la gorda-. Sí, lo sé, te da arcadas mi presencia, cuando te muestro mis barbas ralas y blancas guiñándote mi ojo amarillo y cuando mi bilis te dice somos lo mismo.
Estas atrasado y ni me reconocés, porque es viernes, por que la mina espera en el telmo ese de Sopocachi, porque sólo hay dos horas y la vieja te hace trabajando en Yacimientos, en el mismo lugar que hace diez años se cansó de mis jodas y me mandó a rodar.
Te revienta mi cara sucia y mi hablar pausado, porque no te suena a político, te suena a ti mismo, a tu espejo, a la mirada de futuro. Pinche burguesito, “Dorian Grey de a luca”, dale, viví tu fiesta privada y paga el burdo sueño de tu “secre”. Al final sabés que en casa está ella, la real, la que te hará un asado con huevo y te escupirá un beso oliendo a grasa y luego, mientras ronque como perro, se masturbará mentalmente pensando en los huevos que tuvo la esposa del Coronel de policía para meterle tres tiros mientras dormía.
Sigo subiendo, me encanta la mixtura caótica que se forma en Alasitas. El café con leche de pis y mierda que baja por su espalda de cemento me arrulla y el olor a anticucho me mueve las tripas. Me divierten los hijitos de papá de andar seguro que de un empujón me hacen a un lado, las changuitas de carne firme jugando al futbolín sin tener ni puta idea de cómo se hace. Me gusta mirar a esos, más jóvenes, a su lado que viven un clásico paceño, -¡muera el Tigre Carajo! ¡callá choli de mierda!,“¿cómo es, sí te gano la manga, pagas 5 más?-.
Me encuentro un choclo y media chela tibia, luego una vieja de esas evangélicas me habla de Corintios 13 y me regala una invitación a su culto. Farisea no necesito el alma llena, quiero comida en mi panza vacía. Me siento a respirar la fortuna, para ver si llega algo de suerte en los gritos de júbilo de los niños que ganan peinetas y llaveros. -La puta esos rifles de pueblo con el caño en espiral, son la mejor mamada a la esperanza – pienso, mientras miro dos caderas de manzana bamboleantes tratando de acertar a una argolla.
Los rifles de espiral, el gordo de la tómbola, las paredes con graffitis urbanos. ”Goní Asesíno vas a volver, ¡El Gas es nuestro Carajo!”, “Nacionalicen Miss Bolivia”. Tanta esperanza rifada en esta tómbola y basura. Patrioteros, populistas, pedos falsos, cómo cuernos se come esto del cambio. -La Paz necesitas un buen trago, estoy reventado de que te violen tanto-.
De pronto me encuentro con la Sandra, la dama de porcelana que viene cada año el 24 a comprar en el puesto de flores. La miro como cada año, se para, compra una rifa y dos plantas de hoja de Eva. Camina, cabello seco, rubor de seda y anemia rota a golpes, vestido lizo, pantaletas de escarcha. Se para y grita a la lluvia que venga, que moje su vida, zafada, pidiendo que el cielo le parta a granizos la memoria. Para qué, si seca igual no se mueve, pienso. Fue bella y de carne firme alguna vez, bella como la hija de sus sueños y ahora compra la misma planta cada año. Marchitada pero siempre acá en las Alasitas orando a la abundancia.
La Paz, esta ciudad tiene historias en cada centímetro, sólo hay que escucharla en su noche. Es así que anoche me acordé del Juan, aquel amigo de mis épocas de yacimientos. Hoy tiene la panza hinchada de tanto bicho que se mete al cuerpo por hurgar en la basura. El tipo era contador en el pasado y cómo son las cosas, era bajito, pequeño y regordete, igualito al Ekheko, por eso cada enero lo cargaban con eso de Dios de la Fortuna.
Cuando el enano del Juan tenía 4 hijos y andaba acogotado de deudas, era pobre de caricias, estaba jodido de plata, pero qué rico era, en su mundo de bromas. Vivía esperando el primer seco de chela fría del viernes, el cacho con los amigos de contabilidad. Luego, la misma rutina en la oficina, se lamentaba de lunes a jueves no tener ni una luca ahorrada para sus wawas y los viernes de no poder dejar la cerveza. Cómo amaba el vaso el loco éste, más que a sus hijos, lo amaba como a su propia muerte, por eso al final se divorció de la sin diente y se casó con la botella
El Juan, así se llamaba, se fue hundiendo, regalándose al tibio veneno, empeñando pega e hijos, para de un trancazo acabar en la lona. Ahora vive bajo la luna, como tantos de nosotros, buscando algo de fortuna en la basura, peleando con los kiltros un pan duro. No se quitó nunca el bigote, eso sí cada 24 de Enero se lo iguala con una lata afilada y se fabrica una panza de papel. Le encanta regalar billetitos de periódico, gritando ¡que viva la fortuna!
Subo, ya falta poco para el Silpancho en las velas, cuando de golpe, pensando en él, lo encuentro: ¡Juanito, el gordo! ahí gritando. -¡Gordo puto! -le grito y me mira de reojo, con su pinta de Ekheko desahuciado, mientras regala fortuna a la gente como en aquellos viernes de soltero.
Juanito entrega billetitos, hechos con papel del Loro de Oro, a la gente. Que aguante viejo, plantarse horas al sol y con el pulso sin trago durante tres semanas, recolectando periódicos y haciendo cientos de billetitos. Agarro uno, es una serpentina de presagios ”La Mansión, anal 2 x 150 bs.”, “todo lo que aguantes por 100 bs, foto real” “Angela Travestí Educada” “Se necesita electricista”, “Yong Fung Acupuntura china” “Yolanda Yung Terapeuta de Familia”. Todo mezclado en su bolsa de yute, labio con labio, teta contra teta, fibra con fibra. La vida juega en su bolsa a la fortuna.
Diez de la noche, mitad de las Alasitas, viejas vinagre, niñitas bien, oficinistas con ganas de chupar luego de un Api, changos prestos a rifar la vida en las canchitas. Todos pasmados viejo y luego cagando de risa, mirando cómo el Juanito regala papelitos. Ekheko de bigote ralo y mirada seca. ¡Buena Fortuna , Jallala a los achachis, que viva el paro cívico!.
Me mira agotado, después de la orgía de deseos, del baile de fortuna y lo abrazó. -Dale Juanito, estás cansado viejo, vení comeremos un anticucho con unas chelitas frías, una vieja me regaló diez lucas, dale gordo-.
Juanito me mira alegre, luego me dice, -vez camba opa, bien sonso y terco eres no me quieres creer, el Ekheko no falla, ya te dije, la fortuna siempre llega papacho-. Sí Juanito, tenés razón, tenés razón, vamos a comer que la panza jode.
-Oye cunumi ¿vas a venir mañana otra vez,? ¿Te animas a gritar fortuna por todos?-, -seguro que sí, mañana volvemos pariente. -Ya de la puta entonces camba incrédulo, ya vas a ver cómo la fortuna nos regala algo, apurá que es 24 y todavía falta conseguir unas pichochas, pero primero buscaremos un trago que esto de gritar cansa-.