Más allá del bien y del mal

Joven guineano devuelve 800 euros a nadie, en realidad

Hace unos días quedé conmovida con esta noticia. La escuché mientras comía, con el mínimo interés con el que suelo escuchar por la televisión cualquier cosa mientras como, y no me quedó más remedio que levantar los ojos también para tratar de, esta vez, comprender. Un joven de Guinea, que “trabaja de lo que puede”, y a juzgar por lo que se veía, realmente pobre, encontró en un cajero automático 800 euros cuando fue a sacar dinero. Más que “encontrar”, diría que el cajero le escupió 800 euros antes de sacar su dinero, como producto de un error, evidentemente.

Este inmigrante, confundido, tomó el dinero y lo llevó a la policía por si alguien lo había perdido y claro, la policía estupefacta, no pudo hacer más que pedirle algún teléfono por si el dueño aparecía -como si se tratase de un paraguas olvidado- y quisiera recompensarlo.

Mamdou Njouma, de 33 años, esposo y padre de una nenita de tres años, dijo con toda naturalidad que si a él le hubiera ocurrido algo así, habría vuelto al lugar del hecho esperando encontrar el monto perdido, lo que puede hacernos creer que estamos frente a un hombre de otra época, que todavía cree que las cosas están donde se las deja, o un ingenuo de tallas mayores, que por gil bien merecido tendría perder todo y más, pero bueno, cada cual con sus expectativas y deseos irrealizables.

Lo que me tocó enormemente de esta noticia -más allá de la bondad intrínseca y bien pensada del hombre- hasta lograr desconectarme verdaderamente de mis habituales urgencias, es escuchar lo que considero la verdadera razón que tuvo él para tomar esta decisión: “Este dinero no me vale para nada. Yo tengo que buscar el mío”.

Sí, insisto, más de uno debe pensar que fue un tonto al cometer tamaña honradez. Tal vez ese dinero sigue esperando al dueño que quizá ni se enteró que algo anda faltando en su cuenta, pero la situación es clave: Mandou encuentra en el dinero un plusvalor sólo manifiesto en la propiedad legítima; más allá de esto, es casi un ornamento que carece de utilidad. Pero… ¿será esto posible? ¿En qué medida la utilidad está supeditada al sacrificio? ¿A la propiedad? ¿A la búsqueda?

A una semana y más del hecho, sigo escuchando estas razones en mi cabeza, y no me pregunto qué hubiera hecho yo con un fortuito encuentro, que eso lo tengo claro… creo.

6 opiniones

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  • 13/11/2009 - 11:26 am
    Hefesto opinó:

    ¿Dónde sucedió este milagro? ¿En Madrid? Para algunos este hombre será un ingenuo; para otros, un ejemplo… En todo caso, no deja de llamar la atención, sobre todo si se piensa que este trabajador debió de inmigrar a España justamente para ganar unos euros con que mantener a su familia…

  • 9/11/2009 - 8:22 pm
    Oscar opinó:

    Pero entonces es posible un hombre nuevo que no se guie por la brujula de los valores capitalistas! Hasta suena gracioso. Pero es esperanzador tratar de recordar, o mostrar, cotidianamente pruebas empiricas de que otra realidad puede ser posible. Que hay hombres dignos que aun no se revolcaron en el lodo de la mezquindad que nos ahoga a todos. Recordemoslos y esperansemosnos, imitemolos y creamos! Pero sigamos recordando que los ricos se siguen disputando sus riquezas y los pobres continuamos matandonos secretamente para no dejar de serlo. O peor aun, poder regodearnos en nuestro ascenso e irnos lejos de los que nos acompañaron en las desgracias de esta vida moderna.

  • 4/11/2009 - 7:01 pm
    disfonia opinó:

    Sí, glup glup. Ciertamente la dignidad de otro comnueve, pero no nos basta. Habrá que decir parafraseando a Mamadou “Tengo que buscar la mía”. Glup glup, sí.

  • 4/11/2009 - 11:58 am
    quiquirisquiagara opinó:

    Hace unos meses atrás vi en un canal argentino la noticia de un taxista que devolvió 50.000 dólares al pobre ingenuo que por descuido los dejó olvidados en el asiento trasero de su taxi. El taxista también tenía una condición económica complicada, era el jefe de una familia de 7 miembros (rasgo característico de una clase social marginada que por falta de tv u otras distracciones se entregan desenfrenadamente al placer de la procreación).

    Cuando los medios de difusión le hacían la entrevista, el taxista abrumado atinó a decir algo que me estrujo la garganta: “lo único que tengo para dar a mis hijos es mi dignidad”. glup, glup glup.

    Es decir pobre, pero digno! tan digno que se valora a si mismo aun sin poseer bienes materiales, digno aun con la panza vacía; digno aun sin recibir recompensa. En fin, estos actos heroicos (digo heroicos porque son demasiado escasos) dejan mucha tela que hilar o deshilar, mientras nos autoanalizamos y tratamos de intuir como reaccionaríamos nosotros ante una situación asi.

  • 3/11/2009 - 10:25 am
    Vania B. opinó:

    Gracias por el destellito de esperanza de que la bondad en la humanidad todavía existe.

  • 3/11/2009 - 9:03 am
    Citizen opinó:

    tenia un comentario cabron de varias lineas sobre este post pero me equivoque en el captcha asi q ni modales ahi se ven, si puedo y me acuerdo, lo escribo luego abur

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