Los “discordes en concordia”… ¡yaaaaa!

“La Paz, desde su nombre, es ficción…” acompaña, a modo de epígrafe, el título de este blog. Y no se trata de una frase que pretenda darle cierto aire literario a este espacio virtual, sino más bien, de una afirmación basada sobre la experiencia personal y la historia paceña. Es que, ¿acaso hay algo de pacífico en esta ciudad? Bastaría con recordar asonadas, golpes de Estado, marchas, bloqueos, enfrentamientos, etc., que sucedieron en sus calles (y seguramente seguirán ocurriendo) para demostrar la validez del “epígrafe”. Ya que todos esos hechos son por demás conocidos, prefiero hacer un intento de crónica sobre algo que pasó hace dieciséis años, a modo de justificar la presencia de dicha frase en la cabecera del blog.

El 8 de agosto de 1993, la selección nacional de fútbol batió a la uruguaya por tres tantos contra uno. Demostrando disciplina táctica, realizando gran despliegue físico y tocando el balón con precisión, nuestro equipo exhibió un juego que, por momentos, tuvo destellos de genialidad, opacando por completo a las estrellas del seleccionado rival. “Platini” Sánchez, el “Diablo” Etcheverry y “Maravilla” Melgar anotaron los goles que sellaron una victoria inobjetable, en nada empañada por el tanto del honor que los charrúas convirtieron poco antes del pitido final.

El típico silencio dominguero fue profanado por el bullicio de los miles de hinchas que tomaron las calles para expresar su euforia, cantando, gritando, bocineando o haciendo explotar petardos, confluyendo, finalmente, todo este caos sonoro, en el paseo de El Prado, donde las poncheras habían armado una cantina de dimensiones colosales para alimentar y acrecentar la algarabía del tumulto.

Pero no sólo el comercio de alcohol se benefició de la victoria nacional, ya que –como indica la sabiduría popular: “cuando llueve, moja a todos”– otros rubros también obtuvieron provecho de la pasión futbolera. Sandwicheras, anticucheras, perrogueseros –y demás exponentes de la gastronomía de acera– vendieron, durante esa jornada, todos los alimentos que mantenían en “stock”, y hasta tuvieron que recurrir a ingredientes frescos para satisfacer la inusual demanda. Los vendedores de souvenirs, igualmente, “hicieron su agosto” (talvez este sea el origen de dicha expresión), pues ninguno de los que participaba del festejo quería hacerlo sin lucir algún distintivo boliviano, de modo que adquirieron chalinas, camisetas, sombreros, banderas, huinchas y cualquier otra chuchería verde o tricolor que simbolizase el orgullo de sentirse ganadores… por un día, al menos.

Y cuando algún negocio va viento en popa, el urbandino siempre quiere sacar tajada (si alguien abre una churrasquería –por ejemplo– y le va bien, al poco tiempo, con toda seguridad, no faltará quien abra otra al lado y, probablemente, con un nombre similar, pero, eso sí, con una ligera variación que, según el razonamiento urbandino, hará que el boliche clonado parezca superior, tal como ocurrió con la peluquería “777 pelos”, instalada a la derecha de la “77 pelos”, misma que, a su vez, se había inaugurado tres meses después de la apertura y exitoso funcionamiento de la “7 pelos”). Así, no resulta difícil comprender la mañudería de un cholo pícaro que, llevando al límite el dicho “en río revuelto, ganancia de pescadores”, ofrecía, a voz en cuello, “Fotoooooos, fotos de los jugadoreeeees, autografiadaaaas…”, asegurando que Etcheverry, Sánchez, Ramallo, Cristaldo, Melgar, Peña, etc., habían estampado, de puño y letra, sus firmas en las instantáneas. Muchos fanáticos desembolsaron sin regatear los treinta bolivianos que el comerciante pedía por cada foto, y no fueron pocos quienes aprovecharon la promoción de “dos por cincuenta”, rebuscando, entre los cientos de retratos amontonados sobre la acera, el par con la rúbrica de sus ídolos. Un choli –en ese entonces soltero y no tan panzón–, entusiasmado por la oferta, compró dos fotografías –la de Etcheverry para él y la de “Platini” para su novia– y corrió donde su futura esposa para mostrárselas: “¡Mirá, Vania, mirá! ¡Y están autografiadas!”. Ella, menos impresionable y más perspicaz, notó que había algo raro en las firmas: “Vladi, fijate, la letra es igualita en los dos autógrafos”. Luego de una exhaustiva comparación, el choli comprendió que había sido timado y, más avergonzado que molesto, fue a pedirle al vendedor que le devolviese su dinero; éste, sin embargo, asumiendo un aire de indignación, replicó con toda seriedad: “¡Señor, me ofende! ¡Cómo cree que voy a engañar a mis clientes! ¡Las firmas son ciento cincuenta por ciento originales! Lo que pasa es que Etcheverry y Sánchez estudiaron en la misma escuela, ¿comprende? La misma profesora les enseñó a escribir, por eso sus letras son parecidas”. Completamente convencido, el choli no sólo aceptó los argumentos, sino que adquirió un par de fotos más, seguro de que estaba haciendo un buen negocio. Una vez que el choli se hubo alejado del lugar, el vendedor se dio la vuelta y le propinó un coscorrón a su hijo, a tiempo de decirle, en voz baja, pero con tono amenazador: “¡Carajo, ya te he dicho que hagas las firmas con letra diferente, llokalla de mierda!”.

El ombligo del festejo estaba en la fuente de El Prado, dentro de la cual, los más fanáticos –o quizás los menos “tacos”– demostraban su pasión futbolera, brincando abrazados al ritmo de “¡El que no salta es uruguayo…!”, empapados pese a la gelidez del agua y las frías caricias del viento otoñal. En los alrededores, los friolentos –aunque no menos entusiastas– empapaban sus hígados con ponches o “té con té”, en un afán desenfrenado por preservar caliente el recuerdo de ese domingo de gloria, conversando amenamente sobre el partido, comentando las jugadas con lujo de detalle y alabando el esquema táctico del Bigotón.

De esa manera, hermanados por el orgullo y la alegría de la tercera victoria consecutiva del seleccionado, la celebración transcurrió en calma –que no es lo mismo que en paz– hasta la medianoche, momento en el que algún borracho patriota, haciendo gala de un vozarrón digno de gondolero veneciano, comenzó a entonar “las sagradas notas del himno nacional”, con introducción incluida: “¡Chaaan chachán chachán chachán chan chaaaaan, chaaaan chachán chachán chachán… Boliviaaaaaanos el haaado…!”. El civismo fue contagioso, de modo que, al llegar al estribillo, el himno estaba siendo cantado, a coro general, por todos aquellos que aún podían articular palabras, y balbuceado por el resto, que eran la gran mayoría. El problema se desencadenó cuando tocó cantar la segunda parte, cuyas estrofas, dado que no son entonadas habitualmente, son conocidas por muy pocos. El coro redujo el volumen hasta convertirse en murmullo de tarareo, lo cual indignó a un ciudadano que seguramente tenía el civismo tan robusto como su físico, y ciertamente, el carácter tan fiero como su apodo –Perro Rabioso–, pues luego de intentar, vanamente, que sus vecinos cantaran de forma correcta la letra que Ignacio de Sanjinés escribiese un siglo atrás, corrigiendo al vuelo los balbuceos irrespetuosos, empezó a repartir sopapos a diestra y siniestra, avanzando, como demonio de Tasmania, hacia el centro de la peatonal, donde finalmente fue sometido por una veintena de agredidos, no sin dar dura pelea, quebrando narices, mordiendo cuellos y arrancando cabellos, incluso suyos. El alma de este Perro patriota habría sido recogida por San Roque –y su cuerpo magullado, por funcionarios de la morgue– si no hubieran intervenido en su defensa miembros de la jauría o, mejor dicho, de la pandilla a la que pertenecía: la temible Triple K.

Así, la celebración fraternal devino pelea campal, transformando, una vez más, las calles de La Paz en campo de batalla. Como la PTJ (hoy FELCC) estaba a media cuadra de El Prado, en pocos minutos apareció un nutrido contingente policial, que logró contener la violencia haciendo uso de… más violencia: a fuerza de puñetes, puntapiés y golpes de laque, los uniformados consiguieron que “los discordes en concordia” olvidasen sus diferencias y, formando un grupo compacto, dirigiesen su bronca hacia la institución del orden, gritando a todo pulmón, “Qué se necesita para ser policía: ser hijo de puta de noche y de día. Qué se necesita para…”. De modo que, ante el repentino giro de los acontecimientos, los policías decidieron cortar el problema de raíz: a la voz de “¡Fuego!”, comenzaron a disparar balas de goma y cartuchos de gas lacrimógeno contra la multitud tricolor, que se dispersó en pocos segundos, para gran desasosiego de las poncheras, quienes, llorando y tosiendo, clamaban por la paz: “¡Basta! ¡Ya no tiren gases! ¡No disparen! ¡Quién nos va a consumir ahora!”.

No obstante, ni bien se disipó la nube de gas, varios borrachos de cepa volvieron a los puestos de las poncheras, donde continuaron la ingesta de alcohol metílico, conversando amenamente, ya no sobre la victoria nacional, sino sobre los pormenores de la trifulca previa, hasta que el sol del nuevo día los ahuyentó, haciéndolos regresar, veloces, a sus respectivas madrigueras.

El lunes, a las nueve de la mañana, el Perro Rabioso asistió a la universidad con el rostro pintado de rojo, amarillo y verde, no por demostrar orgullo boliviano, sino para maquillar los moretones de la pateadura. Viendo su cara tricolor y, además, notando que cojeaba al caminar, un compañero de curso le dijo, “¿Creo que recién te estás recogiendo? Seguro has estado brincando en El Prado hasta ahorita. ¡Bien ha debido estar el festejo!”, a lo que el can iracundo replicó, “¡Bien va estar el lapo que te voy a dar si no te haces gamba!”, provocando la retirada del inocente comentarista, no tanto porque lo hubiese intimidado la amenaza, como por la indisposición que le causó el tufo metílico que exhaló el quiltro magullado al ladrar su advertencia.

Mientras tanto, en El Prado, una cuadrilla de aseo público llevaba más de dos horas recogiendo los residuos de la celebración, vestigios de la euforia y la furia: latas de cerveza, vasos plásticos, bolsas de nailon, servilletas, envoltorios de perroguesa, fotos autografiadas, casquillos, muelas, vómito, sangre coagulada… “Parece que aquí ha habido una guerra”, comentó uno de los barrenderos. “Siempre es así en La Paz”, agregó otro, acostumbrado –¿resignado?– al caos urbandino y al hecho de que el nombre de esta ciudad –más que irónico, farsante– es pura ficción.

15 opiniones

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  • 16/09/2009 - 10:03 pm
    estido opinó:

    Polino, ya te dije que estaba filmando. Y, a propósito, me dijiste que nos ibas a ayudar como extra, pero no te apareciste. Eres un típico choli hablador.
    Un abrazo

  • 15/09/2009 - 5:23 pm
    paul opinó:

    Che Uili…te hemos convocado el sábado, estabamos caminando la ciudad en compañía de Asterix y compañía y pa variar no has contestado…temprano te duermes ya pareces de la curva sur…Aparecete pues

  • 10/09/2009 - 11:40 pm
    estido opinó:

    Citizen: Me acuerdo de eso en el Max Inn, pero el cabrón de Goni no decretó feriado, jajaja. Un abrazo y gracias por la visita.

    Clarics: Vos tienes autógrafos de varios. Incluso tenías uno de Spinetta que el Grillo te ufanó, ¿no? Bueno, pero ahora ya no eres para nada “chiquita”, lo puedes buscar al Grillo y sacarle el autógrafo del flaco a sopapos, jajaja. Un abrazo.

  • 9/09/2009 - 6:27 pm
    claricsss opinó:

    huili querido por fin vuelves!!!! yo (aunque changuita) tengo autografos de platini, del diablo y del azkargorta, ah y de Rimba, jugaron alguna vez en Sucre y los nombraron huespedes ilustres por la alcaldia, mi papa trabajaba ahí asi que me llevó con mis hermanos y nos dieron sus autografos, además que Rimba de acordo que un año antes casi le vuela la cabeza a mi hermano (curioso) en un entrenamiento de la seleccion. los autografos q yo tengo no los hizo un changuito a la salida del stadium ;) . un abrazote che!

  • 9/09/2009 - 5:21 am
    Citizen opinó:

    Un gusto tener nuevamente la urbandina, siempre es bueno ller post con picardia y sazon como los tuyos estido y sobre los grandes festejos del 93 recuerdo haber ido al hotel max inn cuando clasificamos al mundial y la gente coreaba… “goni, carajo, mańana no hay trabajo” saludos desde apolo

  • 9/09/2009 - 1:02 am
    estido opinó:

    Oscarini: No hablé con ningún informante, sólo te imaginé en la situación. Pero cosas por el estilo te han debido pasar, ¿no? Y tienes razón, hay que organizar los famosos encuentros blogueros urbandinos nuevamente, te voy a llamar para coordinar el asunto. Un abrazo.

    Leslie: Querida Tigresa, gracias por tan calurosa bienvenida. Espero que esta nueva etapa del blog sea de tu agrado. Pronto visitaré tu blog, ¿estará actualizado, no? Un abrazo con garra.

  • 8/09/2009 - 5:55 pm
    LESLIE opinó:

    Willy, que tiempos aquellos no?, cuando por fin tuvimos un equipo de futbol jugando en La Paz “con altura”. Miechi jajajajajaja ya me imagino al perrito jjajajajaja. Me alegro q hayas vuelto a estos lados…. es siempre un gusto leerte.

  • 8/09/2009 - 12:54 pm
    elperrorabioso opinó:

    Querido Estides…
    Seguro que el Leo o el Victor te han contado algunas correrías de por ahi… de esos años mozos jajajaja casi casi, bueno si fue así, yo lo golpee al de la polera del Bolivar porque pensé que era de Uruguay… bueno ni modo. jajaja
    Saludos Will, hay que estar preparando las reuniones bloggeras no? Saludos.

  • 8/09/2009 - 11:10 am
    estido opinó:

    Nata: Gracias por visitar la Urbandina. Me imagino que La Paz ahora es más violenta que en esas épocas, pero, tal como dices, no deja de ser una ciudad mágica. Un abrazo.

    Luis: Gracias por visitarnos, vuelve pronto. Un abrazo.

    Alejandro: Pues gracias nuevamente por la visita. Por el momento, no están disponibles los textos del antiguo blog, pero en los próximos días los vas a poder leer, buscando en el menú la pestaña “vieja urbandina”. Un abrazo.

    Polino: Seguro vos eres el anónimo que me insulta siempre, ¿no? Ya te pesqué. De todos modos, igual nomás voy a venticuatrear contigo. Un abrazo.

    Vania: Pero no debías contar eso, era mejor que la gente piense que es el choli el metepata. Gracias por la bienvenida. Un abrazo.

  • 8/09/2009 - 9:55 am
    Vania B. opinó:

    Querido Willy oveja, estoy feliz de que hayas vuelto. Y bueno, con respecto a la crónica, casi-casi le achuntaste, nada más que la que compró las fotitos autografiadas fui yo, pues me cuesta mucho decir no a los vendedores (menos a las ofertas, 2X50) metiendo la pata en innumerables ocasiones. El Choli es el que por lo general se da cuenta de los productos truchos que compro jeje.

    Un abrazo enorme, esta vez de Chuquiago a Chuquiago.

  • 8/09/2009 - 8:32 am
    paul opinó:

    ..el anónimo de arriba soy yo…o sea tu jefe CELESTE CAMPEON

  • 8/09/2009 - 8:30 am
    Anónimo opinó:

    Uili…habías volvido yaaaaaaa. Como es pues, desde mi cumple que no nos vemos cuate, tanto te convocamos y después te quejas, además a hora prudente te he llamado primeras horas del día…

    Un abrazo,…nos hablamos para una larga jornada

  • 8/09/2009 - 1:50 am
    Alejandro opinó:

    Como dije antes, encantado de volver a leer “Urbandina”, me entretuve leyendo hace tiempo, ahora lo hago con el mayor gusto, saludos desde Queens-New York.
    Pd. le voy a dar un releida a los post anteriores, para recordar mi vida pasada, jugando futbol en cancha de tierra, etc.

  • 8/09/2009 - 12:09 am
    Luis P. opinó:

    No leí los textos todavía, solo pase para felicitarte por esta nueva etapa del blog. Prometo leer y comentar en breve.

  • 7/09/2009 - 4:40 pm
    Nata opinó:

    Muy divertido. Yo no recuerdo como fue esa época, era muy chiquita todavia ;) , pero igual ahora la paz es violenta. Pero no deja de ser una ciudad muy linda. Volveré por aquí más seguido ahora que ya volvieron.

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