El Buenos Aires posible: una producción arltiana

A pesar de que la obra de Arlt se enmarca dentro de lo que se considera literatura urbana, su visión es bastante singular, no sólo porque en su época fue uno de los primeros en incursionar en otra categoría, la literatura de los márgenes, sino también, y principalmente, porque a través de ella podemos advertir el bullir de una ciudad en crecimiento con las desventajas que esto acarrea para el citadino popular. Así, el progreso, económico y tecnológico, no es visto como medio para alcanzar mejores niveles de vida, sino como elemento que arremete contra los sectores marginales de la sociedad, alejándolos aún más del centro. Pero, más allá de eso, la narrativa arltiana consigue erigir un espacio ficcional, gracias a su particular uso del lenguaje, donde la ciudad es concebida como una posibilidad.
Con magistral ironía, la ficción arltiana construye un universo complejo, en el que la tecnología y el desarrollo económico son empleados por un puñado de marginales con el fin de realizar un cambio radical en la sociedad. Sin embargo, dicho empeño no es más que una farsa, que a la larga consigue alejar a los protagonistas incluso de los márgenes: extraordinaria marginalidad que connota una soledad llevada al límite. El marginal quiere dejar de serlo, quiere asestar un golpe al centro para ocupar su lugar. El centro no es bien visto por Erdosain ni por el Astrólogo, es una especie de enemigo invisible que los oprime y del cual quieren liberarse; sin embargo, su intención de dejar el margen y ocupar el centro es completamente paradójica, pues sólo denota el interés de ser aquello que repudian.
Al parecer, Erdosain está sumergido en un pozo oscuro del cuál no puede –o no quiere- salir: ha robado, ha sido traicionado por su mujer, humillado por un pariente, y está dispuesto a asesinar. Su relación con el Astrólogo le permite ingresar a una especie de sociedad secreta que planea cambiar el orden de la sociedad. De alguna manera, esto le permite albergar una esperanza, no precisamente del cambio general, sino más bien de un cambio personal que le permita la posibilidad de salir del pozo. El Astrólogo, por su parte, asume la figura de un profeta, del elegido, que tienen la capacidad de organizar el complejo plan de la creación. En esto se puede apreciar la negación de la divinidad: el destino no es obra de Dios, sino de los hombres. Erdosain no tiene un Dios a quien aferrarse para poder salir del pozo, es decir, no tiene fe; el Astrólogo no tiene un Dios y quiere asumir ese papel. De hecho, su plan consiste en mantener a la población en la ignorancia, haciéndoles creer en milagros que ellos mismos fabricarán. Otra vez se puede apreciar la ironía arltiana: los ateos quieren convertirse en dioses, quieren ser aquello en lo que no creen.
Sin embargo, la ironía no es el único elemento en juego en la narrativa de Arlt. Tal como expresan Ruth Pérez-Chaves y Beatriz Sarlo –cada una con distintos argumentos-, Arlt es altamente realista. De esta manera, para Pérez-Chaves, la narrativa de Arlt también configura un espacio donde la realidad es reflejada con crudeza. Sarlo, por su parte, indica que la violencia es el único medio, en los textos de Arlt, para liberarse; así, el extremismo cobra forma, pues ningún método que no destruya las condiciones existentes es válido. El argumento de Sarlo es más sólido, pues trasciende lo tradicional del realismo, despojando a Arlt de características que, en la tradición literaria latinoamericana, podrían resultar peyorativas. Pérez-Chaves se queda en lo convencional y sólo logra ver escenas de la vida porteña de los años treinta. El realismo de Arlt no consiste en reflejar las condiciones existenciales de los márgenes bonaerenses, sino que gracias a él logra presentar un complejo mundo interior de los personajes, representando así condiciones humanas degradadas, que redundan en el hastío, falta de esperanza y pasiones bajas, todo ello producto de la modernidad.
Pérez-Chaves hace una analogía entre el Buenos Aires arltiano y el tango, citando fragmentos de la obra del escritor y comparándolos con letras de reconocidos compositores tangueros, llegando a la conclusión de que, al igual que el tango, la ciudad presente en la narrativa de Arlt refleja de manera altamente realista a la verdadera Buenos Aires. Como ya se expresó, el análisis de la autora es bastante burdo, pero de alguna manera introduce una idea interesante que no llega a desarrollar. El tango, nacido en los márgenes, mezcla de ritmos diversos, producto del hibridaje cultural, crece paulatinamente hasta encaramarse en el centro –no por nada hoy se lo cono ce como la canción ciudadana- y alejarse de la marginalidad, convirtiéndose en música de élite. Algo así quiere conseguir la sociedad secreta creada por el Astrólogo; pero, más allá todavía, algo así también quiere conseguir Arlt con el lenguaje. En efecto, el lenguaje arltiano corresponde a los márgenes, al lunfardo porteño. Al emplearlo, Arlt logra desestabilizar el lenguaje hegemónico y, aunque él no asesta el golpe definitivo, poco a poco el lunfardo va ingresando al centro hasta apoderarse de él. Sin embargo, en este caso, no deja de pertenecer al margen, como el tango, sino que se convierte en una expresión de la totalidad urbana bonaerense. En Los siete locos, el plan del Astrólogo consiste en algo similar: llegar a dominarlo todo, tomar posesión del centro sin dejar de dominar el margen. Así, podemos apreciar que el lenguaje se yergue como personaje en la obra de Arlt. No se trata de quiebres o innovaciones estilísticas, sino de la revaloración de un lenguaje despreciado, marginado, que expresa el hibridaje cultural, por tanto, la diversidad cultural porteña.
Ahora bien, como ya se dijo, la narrativa de Arlt se enmarca en lo que se denomina literatura urbana. Arlt no trata de reflejar la ciudad cotidiana, sino la ciudad invisible. La urbe es el espacio que habitamos y que nos habita. Habitamos sus calles, plazas y edificios, mientras que ella habita en nuestra imaginación. La ciudad se instala en nuestra imaginación, se (re)crea con características tal vez alejadas de la cotidianeidad que observamos en su espacio físico. En este sentido, los sucesos citadinos dejan de ser hechos concretos, devienen posibilidades; ya no son, sino que podrían ser. De esta manera son configurados en la imaginación por los discursos que despiden los cuentos, graffitis, novelas, televisión, poesía, canciones, arquitectura, radio, crónicas, prensa y, por qué no, las malas lenguas. Así, el Buenos Aires Arltiano no sólo es la ciudad de los compadritos, de los cafishios, de los macrós, de los inmigrantes, sino también de lo que todo ello podría ser, pues si la ciudad se instala en nuestra imaginación, es obvio que también lo hacen sus habitantes. Y ese poder ser, esa potencialidad desquiciante, se manifiesta con mayor intensidad en la narrativa arltiana. En Los siete locos, no encontramos un documento histórico que da cuenta sobre aspectos de la vida porteña de antaño, sino que mediante el juego de la ficción, esta novela logra configurar una ciudad posible.
El Buenos Aires Arltiano es una urbe abigarrada, espacio donde la diversidad predomina, y esto se refleja en los nombres de los personajes –la mayoría posee apellidos europeos-. Este abigarramiento penetra en la escritura y se reproduce en ella, no tal como es, sino como lo imagina Arlt. Sin embargo, como se dijo, con ello no pretenden reflejar la realidad, representar discursos que ya han sido dichos por otras disciplinas, sino que el abigarramiento se manifiesta como criterio estético:
(…) La psicología de la mujer de la vida? Está encerrada en estas palabras, que me decía llorando una mujercita a quien largó un amigo mío: “Encore avec mon cul je peu soutenir un homme”. Eso no lo sabe ni la gente ni lo novelistas. Un proverbio francés ya lo dice: “Gueuse seule ne peut pas mener son cul”.
Erdosain lo contemplaba estupefacto. Haffner continuó:
-¿Quién la cuida como el cafishio? ¿Quién la cuida cuando está enferma, cuando cae presa? ¿Qué sabe la gente? Si un sábado a la mañana la oyera usted a una mujer decirle a su “marlu”: “Mon chéri, hice cincuenta latas más que la semana pasada”, usted se haría cafichio, ¿sabe? (…) [Arlt, Los siete locos]
El cafishio –por el apellido descendiente de alemanes- cuenta como le habló una mujer -por el idioma colegimos que la misma era francesa, o descendiente de franceses-, con una particular mezcla de idiomas -francés y español- y sociolecto –lunfardo- que el personaje emplea en una charla “común y corriente”. Un ambiente abigarrado que permea esa característica en la escritura. Sin embargo, no se trata de un mero ejercicio de reproducción de la oralidad o de descripción de espacios sociales marginales aculturalizados, sino más bien que es un elemento estético que da coherencia a todo el texto: los márgenes de la ciudad, al ser escritos, necesitan también de un lenguaje marginal; esto es, un lenguaje que ataca al centro. Así, la escritura arltiana no describe un lenguaje, lo destruye y lo vuelve a construir sin seguir las instrucciones; y esta labor consigue erigir un espacio ficcional donde no importa si los cafishios y las prostitutas son así, porque el lector se queda con la imagen de que así podrían ser.
* * * * * * * *
DESCARGAR AQUÍ LOS SIETE LOCOS (o desde nuestra Biblioteca Pirata).

Ruth Pérez-Chaves opinó:
Hola, quería decirte que me ha gustado muchísimo tu crítica, creo que hablas de mi artículo de año 2000 ” El Buenos Aires Arltiano: Un Escenario de Tango” en http://serbal.pntic.mec.es/~cmunoz11/tango.pdf (por primera vez…). Tus comentarios los encuentro la mar de constructivos, y quería decirte que si tuviera tiempo me gustaría revisar este artículo del que hablas, del cual hace ya tiempo, y que sin duda incorporaría los cambios que tú has detectado también pues comparto tu opinión sobre mi trabajo. Un saludo, Ruth