La muerte en sus ojos

I. El oficio de vivir con la muerte

El 27 de agosto de este año se cumplieron 60 años de la muerte de Cesar Pavese. Si siguiera vivo hubiera cumplido 102 años, sin embargo a Pavese, no le interesaba una vida centrada en acumular vejez, por eso  decidió interrumpir la cuenta de los años suicidándose en una pequeña habitación de un hotel de Turín. Tenía 42 años el día de su muerte.

Aquellos que no enfrentan o no les interesa vencer la soledad interior deciden irse antes, Pavese lo sabía: la nada, fuente de su vocación, fue también su condena. “Para todos tiene la muerte una mirada” decía quien  prefirió morir en completa lucidez y plena conciencia de sus actos, mirando de frente a los ojos de la muerte  antes que ella, en una vejez adormilada, se los muestre.

El día de su muerte Pavese dejó sobre la mesita de noche de la pieza del hotel,  un ejemplar de su obra “Diálogos con Léuco”, junto a su conocida nota final de despedida: “Perdono a todos y a todos pido perdón. No chismeen demasiado” Ese día también llevaba consigo: su diario personal “El Oficio de Vivir”, un cuaderno con sus últimos poemas y diez y seis frascos con pastillas para dormir. Antes del viaje a la muerte hizo tres llamadas telefónicas, invitando a comer a tres diferentes mujeres, ninguna quiso, ninguna pudo.

Pavese murió porqué supo que era hora de irse y punto, lo hizo luego de recibir un premio literario por su libro “El bello verano”. Una muestra más de que su muerte era el punto final a su obra. Pavese encarnaba en su melancolía a cuestas, la angustia (esa Sartriana) hacia la nada, expresada en frases como “Uno no se mata por el amor de una mujer. Uno se mata por que un amor, cualquier amor, nos revela nuestra desnudez, nuestra miseria, nuestro desamparo, la nada”

El oficio de vivir bajo la sombra de la muerte, para Pavese era el reflejo de una agotadora relación con la gente, forma de ver la vida que plasmó en su poesía. La decisión de Pavese de marcharse fue absolutamente personal y meditada, en extremo coherente con su desesperanza. Al final suicidares fue, un acto lúcido de poner punto final a su obra.

Pavese se fue por que quería, reconociendo, ya desde sus cuarenta años que el suicidio estaba presente, de forma insistente, como única forma de enfrentar la muerte. “Todo esto da asco, basta de palabras, un gesto. No escribiré más.”, dijo Pavese en las páginas de su diario que concluyó nueve días antes de morir.

II. La diosa blanca

Pavese hasta el día de su muerte creyó en la fuerza del mito, en la medida de que para él la mitología era un lenguaje, un medio de expresar con lo simbólico una gran sustancia de significados. Pavese se valió del mito como forma de expresar simbólicamente su realidad. El mito traspasó la ficción para instalarse en su vida, no fue por azar que el día de su muerte dejó su libro de coloquios míticos “Diálogos con Leucó” como…“ un testimonio de sus inquietudes sin respuesta, un recorrido por un paisaje antiguo, como un paseo entre sombras y fantasmas de otros tiempos. Entremezclados los ecos de la infancia y las siluetas de diosas y héroes de una cálida y ambigua familiaridad, voces antiguas para expresar angustias y dudas de siempre…” (Extracto de: Diálogos con Leuco, ensayo sobre Cesar Pavese por Carlos García Gual)

Pavese no sólo como poeta y novelista, sino como ensayista e intelectual se preocupó por leer varios tipos de mitologías, pero probablemente la griega, por su riqueza la consideraba incomparable y de una gran “madurez mítica”

¿Por qué Diálogos con Leuco? Leucó es un diminutivo de Leucótea “La diosa blanca”, quien era una divinidad menor, lejos de los grandes dioses del Olimpo. Leuco tuvo una sola  aparición importante en la Odisea, se presentó para auxiliar a Odsieo, quien se encontraba zarandeado en su balsa por una furiosa tempestad enviada por Poseidón.

En la Odisea Leucótea salva la vida de Odiseo después de que Calipso le dejara regresar a su casa y le ofreciera para ello una endeble balsa. Poseidón, al ver la embarcación, la hizo añicos con la palma de su mano, sumergiéndose el héroe hasta el fondo del mar. Su fortalaeza física le permite salir a la superficie antes de morir ahogado. Allí le esperaba Leucótea, convertida en gaviota para despistar a Poseidón. Le ofreció un velo mágico que, atado a su cintura, le libraría de ahogarse si volvía a sumergirse. Odiseo le obedeció y, en lugar de aferrarse a los restos de la embarcación, se alejó nadando del lugar. Dos días después  llegó a nado a Feacia.

El velo mágico de Leucó, es usado por Odiseo como forma de evitar el naufragio, pero sólo por un tiempo; al final cuando nuevamente esté a salvo nuevamente, Odiseo deberá enfrentarse a la inquietud cotidiana, es decir a la realidad, de vivir. Quedarse con el velo en el agua sería morir, permanecer en el mito sería a su vez no vivir.

En “Diálogos con Leuco”  Leucótea aparece en los coloquios de un Pavese inspirado en la Odisea. Pavese en la obra trabaja el motivo recurrente de la inmortalidad divina enfrentada a la existencia mortal, ambas condiciones que para Pavese se revelan como insatisfactorias. Leucótea, he aquí tal vez el nexo de el mito con la vida de Pavese, antes de ser una diosa era una mujer mortal. Decide, fruto de la desesperación, suicidarse lanzándose al mar. Sin embargo no muere, los dioses le conceden el extraño privilegio de salvarla de la muerte y es redimida por un acto, leído por Pavese, de “capricho divino”, emergiendo luego del fondo del mar en condición de diosa para ayudar a Ulises.

Pavese recurrente en vida con el hecho suicida, pareciera que hubiera escogido el mito exacto  de una diosa condenada a volver de la muerte,  una mujer que insatesfecha y agobiada por la  vida, decide lanzarse al mar; sin embargo los dioses: caprichosos, mezquinos y que calman su aburrimiento jugando con el destino no se lo permiten. Leuco no muere, pero tampoco retorna del todo a la vida, queda entrampada en una existencia eterna. Leuco se hace inmortal, permaneciendo en una eternidad inservible y  repitiendo el que a su vez es mandato y castigo eterno salvar a otros de la muerte.  Este juego entre la inmortalidad divina y una existencia mortal, ambas insatisfactorias, es el que recoge Pavese de la historia de Leucótea, para plasmar su relación con la muerte.

Aparentemente Pavese en su relación con la vida prefería el mito, tal vez por eso “diálogos con Leucó” era la obra que mejor lo definía, llegó a escribir, poco antes de su suicidio que era su “carta de presentación ante la posteridad” quizás por eso dejó junto a su cadáver el libro de aquellos coloquios míticos con la mitología griega, como un testimonio de sus inquietudes sin respuesta.

Algo sin duda buscó Pavese en su último instante de vida, en la última charla con Leucotea. Quizás fue una puerta al mar de la eternidad de la diosa blanca, un acto de esperanza por ser recibido en  sus aguas, quien sabe deseando la misma tortuosa inmortalidad de la Diosa Blanca.

Tal vez Pavese decidió fundirse con la Diosa Blanca, como un acto de redención y perdón, buscando que el mito se haga cuerpo en  su muerte y  sean “los ojos de Leucó” los únicos que miren su partida.  El encuentro con el mito como forma de abrochar su vida, con la simbología que usó para soportarla, fue  el símbolo último que nos dejó. Pavese escogió el mito de una suicida que luego devino en diosa para entablar un diálogo en vida con la muerte y dejar que sea ella, desde “Diálogos con Leucó”, la única testigo de la verdadera razón de su partida.

Nota: El texto recoge se basa en el  Ensayo de Carlos García Gual sobre Cesar Pavese, del cual  recoge algunas citas textuales.

III. Un poema de Pavese

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo.
Tus ojos serán una vana palabra,
un grito acallado, un silencio.
Así lo ves cada mañana
cuando sola sobre ti misma te inclinas
en el espejo. Oh querida esperanza,
también ese día sabremos nosotros
que eres la vida y eres la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como abandonar un vicio,
como contemplar en el espejo
el resurgir de un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Mudos, descenderemos en el remolino.
Cesar Pavese

3 opiniones

Los comentarios se muestran en orden cronológico inverso (Los últimos serán los primeros...) Suscríbete | Opina
  • 6/09/2010 - 9:41 am
    Cronopio opinó:

    Querido Augus…
    Gracias por tus comentarios, tu que estás al otro lado de El Charco puedes tener acceso con más facilidad a su obra..
    Un fuerte abrazo
    Paul

  • 4/09/2010 - 2:36 pm
    Hefesto opinó:

    Querido Paul, tu texto híbrido me dio ganas de leer más de Pavese; de hecho, me encantó el poema. Por otro lado, ese contraste entre la inmortalidad y la finitud, que pones en valor, me hizo recuerdo a un péplum de la Odisea, en que Ulises (Kirk Douglas) rehúsa cortésmente el néctar de la inmortalidad a una diosa (Circe, si recuerdo bien), logrando así la escena más emocionante de la película. Un gran abrazo,
    Augusto

  • 31/08/2010 - 11:51 am
    Lector opinó:

    La poesía de Pavese va más allá del mito..ojo. Sigan Urbandinos pero no pierdan el foco. Este mes está muy juntucha de ideas individuales…OJO mejor era Julio

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