Aguafuertes paceñas: Cementerio General

Cada día, al menos diez féretros atraviesan el enorme pórtico de piedra del Cementerio General. Para algunos muertos, es el ingreso hacia su última morada; para otros, el umbral del olvido. Aunque eso sólo se puede saber con el paso del tiempo.
Ocho años, exactamente, al cabo de los cuales, los difuntos son desalojados para dar cabida a nuevos inquilinos. Entonces, si algún deudo lo tramita y financia, sus restos se trasladan a sepulcros pequeños; de lo contrario, pasan al depósito, embutidos en bolsas nailon, donde se apilan junto a otros huesos olvidados, antes de convertirse en ceniza anónima.

Como sea, siempre hay gente visitando a sus muertos: oran, dejan flores, encienden velas y, dependiendo de cada bolsillo, incluso contratan los servicios de un coro de rezadores infantes o de un guitarrero que interpreta la canción preferida del difunto.
Luego que las puertas del cementerio se cierran, únicamente se escuchan murmullos y pasos de las almas que aún se aferran a su pasado terrenal, según dicen los vecinos del barrio. Pero ese bullicio fantasmagórico bien podría tener otro origen: sin pagar el alquiler de la tumba y, lo que es peor, sin haber fallecido, algunos desposeídos se dan modos para pernoctar en el cementerio, cobijándose del frío o la lluvia en las fosas que han sido desocupadas durante el día.
“El cementerio no se expande”, observó Saenz, con acierto e intuición poética, hace seis lustros; como él suponía, los viejos muertos deben ceder sus tumbas cada vez más pronto en favor de los nuevos. A este paso, la expresión metafórica “Que en paz descanse”, inscrita en muchas lápidas, necesitará una adición que convalide su sentido: “…un par de años siquiera”.
Publicado en el suplemento “Ideas” del periódico Página Siete (06/06/10)

Hefesto opinó:
Willy, me gustó tu texto. Hablas con serenidad de la muerte y, en cierta forma, de la muerte en vida. Me parece que sería interesante contrastar la realidad que describes con la del ex cementerio Jardín, que ahora se llama Celestial, sonreír sardónicamente ante la vieja sentencia de que la muerte nos iguala a todos…
Un abrazo,
Augus
Perseguidor opinó:
La muerte no se expande en cuanto sigue creciendo…Este lugar conmueve ny sacude
Jota opinó:
sólo unos años.. que joder..!!!
a donde iran a parar mis huesos, o los de mis abuelos que se supone que iban a estar ahi, ahora me arrepiento de no haber ido a visitarlos, seguro que otro estará encima de el… uno que seguro que se le parezca, que talvez un día se habrán cruzado por la calle… en fin, moriría de ganas de salirme del cementerio general, y resucitar al tercer día, y ser un fantasma que moleste a los borrachines en la jaen… sólo lo sabré cuando me llegué la hora…