Ciudad de ladrillo

La montaña, con el paso de los años, se fue poblando de las vidas atraídas por el llamado de La Paz. Algunas llegaron rodando del altiplano y sembraron, generación a generación, su sangre en la ciudad; otras subieron de la hoyada, ahuyentadas por los edificios. Ambas hicieron la ladera de ladrillo que en las noches late como polvo de miles de estrellas estornudadas por el cielo.

En la ladera oeste, hay un sendero de concreto que baja desde La Ceja de El Alto, al que llaman las mil gradas. Esta culebra de cemento que empieza en las antenas, lleva las vidas que descienden a trabajar en la periferia o en la lejana zona sur. De igual forma, contra la gravedad, trae las historias de quienes retornan de la ciudad con su cansancio a cuestas.

El que habita en la “ciudad ladrillo” sabe de la distancia a partir del ascenso y el descenso. El norte está arriba, el sur abajo; el este y el oeste se proyectan ascendiendo también por los cerros. Sin duda el habitante de los barrios que trepan sabe de su lugar a partir de la presencia de los cerros. Por eso no sorprenden el asombro y desorientación cuando el habitante de la hoyada llega al llano, ya que para el urbandino, norte y sur no tienen sentido sin el arriba o el abajo. Por eso se pierde, por eso está incompleto sin la presencia de la montaña.

La ciudad en la ladera, como geografía que late, sostiene con paciencia en sus espaldas los ladrillos que la habitan. Sin embargo cuando llueve se cansa y sacude todo, vidas incluidas; con fuerte estruendo se ablanda y exhala mazamorra, estornudando catres, calaminas, muebles y cuerpos.

La ladera tose con dolor en época de lluvias, y sobre todo por las noches. Es un hecho misterioso que a muchos perturba, y a otros alumbra, el que los derrumbes se produzcan antes del alba, en aquella hora donde las vidas entregan confiadas su sueño a la montaña.

La ciudad de ladrillo, sin embargo, insiste en seguir trepando y en llenarse de más vidas, desafiando el dolor en el cuerpo de la montaña; así es como debe ser, así es como seguirá siendo.

Visitar la exposición virtual “Ciudad ladrillo”, de Roberto Dorado

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