Cuento: “Cara o cruz”

AUTOR: Sebastián Sánchez
PAÍS: Bolivia

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El viento sopla fuertemente aquí arriba. Juega con mi pelo, lo despeina y a veces no me deja ver bien. Me paso la mano y me doy cuenta que tengo el pelo largo. Uso el pelo largo. A Mariana no le gustaba eso, le parecía sucio, muy desordenado. A Fabiola sí. A ella le gustaba pasarme sus dedos por mi larga cabellera, rascarme cariñosamente como una madre, acariciarme mientras me apoyaba en su regazo y me iba adormeciendo mientras ella me contaba de su día y yo del mío. Hoy fue un día largo, al menos para mí. Me pregunto que habrá hecho ella. No me lo contó en todo caso.

Le doy una pitada mas a mi cigarrillo, el viento me sopla el humo de vuelta a la cara. A Fabiola no le gustaba que fume. A Mariana sí. Recuerdo el constante olor a tabaco de Mariana, su boca y ese desagradable sabor a cenicero. Recuerdo sus piernas juguetonas rozando las mías, su mano traviesa pasando por mi entrepierna mientras fumábamos en silencio echados en el pasto mirando el cielo, cada uno inmerso en su propio mundo. Aspiro el cigarrillo una vez más.

La ciudad tiene un aire poético a estas horas de la noche. La vista siempre tiene un aura de cierto misticismo desde esta altura. Tanta belleza es abrumadora en ocasiones, ahora está simplemente “en su punto”. Recuerdo su sonrisa. La sonrisa de Fabiola venia cargada de inocencia, como ella misma. No era totalmente ingenua, yo sabía eso, pero se dejaba sorprender fácilmente por los pequeños detalles de la vida, como un niño deseoso de aprender. Esa inocencia enternecedora era la que me despertaba un instinto natural de querer protegerla y ayudarla a conocer el mundo, me encantaba. Aun así soy muy consciente que no era ingenua en absoluto. En realidad siempre temí que lo supiera, sus ojos inquisidores me engañaron más de una vez, casi llego a confesárselo por su sola mirada. Sus maneras delicadas y su trato magnánimo pueden cambiar súbitamente si se la provoca. Pero igual, no podía sentirme amenazado nunca por ella, después de todo, era tan inocente. Inocente si, ingenua no, simplemente “en su punto”. Fumo una vez más.

Estando al borde del último piso, el octavo, de un parqueo casi desierto; el viento es fuerte, la altura impactante y el silencio abrumador. Dejo caer la colilla de mi cigarrillo a punto de terminar y veo como cae lentamente sin perturbar la paz del ambiente por unos pocos segundos. El ambiente es “ideal”. Recuerdo su sonrisa. Mariana tenía una sonrisa maliciosa, acompañada por un levantar de cejas tan característico suyo, como si estuviera siempre planeando algo. Ella siempre salía con la suya, en cualquier discusión podía ganarme la pulseada, aun si no tuviera razón. Me hacía creer en ella ciegamente sin importar la cantidad de veces que me hubiera mentido antes y yo caía en su trampa como un pez globo con memoria de tres segundos. Esos detalles sin embargo le daban vida a la relación, la mantenían como una batalla constante, como una competencia; interesante en realidad. A ella, a diferencia mía, le gustaba la idea de tener una víctima engañada y hasta creo que le hacía sentirse poderosa. Puede ser, tal vez por eso siempre me podía vencer, pero para mí una derrota ante ella era un placer. Nunca un segundo en paz, nunca un segundo aburridos. Con ella el ambiente era “ideal”. Prendo otro cigarrillo y vuelvo a fumar.

Es difícil levantarse. Cuando uno cae es difícil volver a levantarse. Es difícil enderezar las ramas torcidas de un árbol que ya creció de esa forma, es difícil encauzar un rio que, por lluvias o que otro desastre, ya perdió su curso y, dependiendo del golpe, lo más difícil es levantarse en sí. Es un golpe duro el perder a alguien cercano. Es peor aun perder a más de una persona. Hasta es peor perderse a uno mismo. Es difícil levantarse, lo fácil es caer. Lanzo nuevamente mi cigarrillo, este cae suavemente en el silencio de la noche. Miro hacia abajo otra vez, el vacío cada vez más tentador. Yo se lo difícil que es levantarse y lo fácil que es caer. ¡Ja! Que fácil que es dejarse caer.

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  • 15/02/2010 - 11:13 pm
    estido opinó:

    Pese a algunas fallas de puntuación y acentuación, la redacción es buena; es decir, los errores no son graves, no interfieren en la comprensión del texto, lo cual no implica que pasen desapercibidos (por ejemplo: “mas” en lugar de “más”, “venia” en lugar de “venía”, “si” en lugar de “sí”, “rio” en lugar de “río”, “aun” en lugar de “aún”, “se” en lugar de “sé”).

    Según algunos escritores consagrados, emplear adverbios terminados en “mente” demuestra pobreza de lenguaje. Personalmente, no comparto esa opinión, pero creo que hay que emplearlos con mesura. En tu cuento, si no conté mal, hay once de ellos, y considerando que es un relato breve, podríamos decir que son demasiados.

    Por dicha brevedad, también me parece excesivo el uso de analogías introducidas con la palabra “como”. En el penúltimo párrafo, sobre todo, esto resulta muy notorio (“…como si estuviera…”, “…como un pez globo…”, “…como una batalla…”, “…como una competencia…”).

    Noto un par de errores en la coherencia de tiempos verbales, pero, en general, la coherencia está bien lograda, a diferencia de muchos cuentos concursantes (la mayoría quizás).

    En el plano narrativo, creo que es un cuento bien logrado, aunque, según mi gusto, extraño la falta de clímax; es decir, me parece que la narración no tiene un pico previo al desenlace. Pero, repito, es cuestión de gustos. Por otra parte, hay un error narrativo que, aunque no tiene consecuencias en el desarrollo del argumento, debería ser corregido: en el primer párrafo, el narrador dice “Me paso la mano y me doy cuenta que tengo el pelo largo”. Antes dice que el viento juega con su pelo, lo despeina y no le permite ver bien, o sea, ya se había percatado que tenía el pelo largo; además, luego dice que usa el pelo largo y que a Mariana no le gustaba eso. Entonces, no puede ser que se dé cuenta de la longitud de su cabellera al pasarse la mano, pues ya sabía que su cabello estaba largo.

    Tengo otras observaciones más, pero son cositas intrascendentes. En todo caso, felicidades por el cuento y seguí metiéndole duro a la escritura, se nota que tienes talento. Un abrazo.

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