Tardes grises
Una de nuestras jóvenes lectoras me ha enviado algunos poemas suyos y, como son de una calidad particular, he decidido publicar uno de ellos. Me complace que en su momento la Lagartija Emplumada haya sido el primer lugar donde Susan con 16 años, si no recuerdo mal, publicase por primera vez. “Mi vida siempre se ha resumido a sentir todo lo que se acerca, lo que se va y lo que vuela a mi alrededor”, afirma ella, y seguramente su escritura lo confirma.
TARDES GRISES
Por Susane Centellas
Me hundo en un conjunto de pliegues que borran el punto medio entre mi indiferencia y mi suicidio
No creo que existan límites dentro de este mundo de manchas blancas y negras
¿El color gris se habrá perdido en su propio recuerdo?
Siempre que vago por las calles veo rostros grises
ojos que caminan hacia la horca,
un destino disperso que se olvidó de escribir un final
la manzana que espera para concluir un árbol de ramas enredadas
¿Habrá alguien que mate al poeta que dejó inconcluso el verso que habla de la Vida?
Las manos del humano siempre despedazaron los gritos de los más débiles
anteponiendo sus deseos ante los excesos que ofrece la dama Noche
Viciosos del néctar prohibido incendiaron los pétalos de la misericordia
enterraron sus raíces al agua ácida y desahuciaron las lagrimas del sacrificio
Es para ellos que se afirma la existencia del destino
Es la cuerda que da vida al infortunio
las acciones humanas que dejaron frutos en desgracia;
la venganza, el odio, y la estupidez que se unieron al baile demoniaco
Esos bastardos hijos del paraíso perdido
Los ángeles nunca permanecieron vivos en este mundo,
es cierto, todos caminaron las veredas de nuestras mentes,
pero jamás lograron salvarse del despeñadero de los corazones podridos
No hay salvación para quien no es destructor,
No hay más que buscar que la desesperación dando su servicio nocturno
Cada amanecer estalla un veneno azul de nuestras entrañas
emociones que sólo logran escapar en ríos de sangre cristalina
ácido volátil que mata la garganta del hermoso gorrión de las mañanas
silenciando la canción que dibuja el paraíso
reemplazándola por la diabólica melodía que reúne mis instintos
Ésos que tocan noches de violín, los que dan pesadillas eternas
Ahora que la verdad ha sido revelada
que sea el color gris que, al fin, limite nuestra palabra
No será un beso para las heridas que la cadena ha dejado,
Ni el martillo que caiga en la burbuja de vidrio donde estamos refugiados,
Sólo la espada que limite nuestro camino,
la de los hombres grises que caminan en este mundo sin destino

Nadie se pronunció