El Félix

VIDA     OBRA     PENSAMIENTO

Herbert Quain

Su obra, mayormente experimental, es admirable tal vez por lo novedoso y por cierta lacónica probidad, pero no por las virtudes de la pasión. Quain consideraba que la buena literatura es harto común y que apenas hay diálogo callejero que no la logre. También le parecía que el hecho estético no puede prescindir de algún elemento de asombro y que asombrarse de memoria es difícil. Probablemente por eso, sus libros anhelan demasiado el asombro.

Tal vez su máximo aporte a la creación literaria sea su heterodoxa, regresiva y ramificada novela April March, cuya tercera (y única) parte es de 1936. Se percibe en sus páginas un eco de las doctrinas de Dunne; sin embargo, en el prólogo, Quain prefiere evocar aquel inverso mundo de Bradley, en que la muerte precede al nacimiento y la cicatriz a la herida y la herida al golpe.

Los mundos que propone April March no son regresivos, lo es la manera de historiarlos. Regresiva y ramificada, como ya se mencionó. Trece capítulos integran la obra. El primero refiere el ambiguo diálogo de unos desconocidos en un andén. El segundo refiere los sucesos de la víspera del primero. El tercero, también retrógrado, refiere los sucesos de otra posible víspera del primero; el cuarto, los de otra. Cada una de esas tres vísperas (que rigurosamente se excluyen) se ramifica en otras tres vísperas, de índole muy diversa. La obra total consta, pues, de nueve novelas; cada novela, de tres largos capítulos. (El primero es común a todas ellas, naturalmente.) De esas novelas, una es de carácter simbólico; otra, sobrenatural; otra, policial; otra, psicológica; otra, comunista; otra, anticomunista, etcétera.

Gari T. Laja

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